miércoles, 3 de diciembre de 2014
Dicotomía
Vivir. Y a diario arrastrar la dicotomía de convicción y esperanza. Convicción de que algunos conjuros solo golpean una vez como la primera; la placidez de un tango con el cuerpo entero, formar una pareja exclusivamente hecha de amor, recibir respeto dándolo primero, o consideración, la idea de que trabajando mas y mejor es como se hace el dinero. Y Esperanza de todo eso.
domingo, 30 de noviembre de 2014
Otro domingo
En una ceremonia lenta cada gota introduce el día que validará esta noche. Buen momento para mate, un poco de Borges, que me lleva puntilloso, a nuevas ignorancias. Aún es noche y atravieso este crepúsculo en la casa de las ventanas.
La compañía curiosa de Blu, escribir a mano sobre un bloc delgado que alguien hizo d planillas en desuso, su superficie es blanda y la birome de trazo grueso es de color negro. Dos de los tres tomos del diccionario a un lado y el perfume de la yerba húmeda. Tiene mi soledad una cualidad de quietud y belleza.
De cerca me sigue impasible la figura de la silla vacía frente a mi; no tengo a quien mirar. Qué tan livianos deberán ser esos huesos para que, una vez allí depositados, no se desplomen en algún vacío -si existiera-, o evaporen en el?.
No mas preguntas, las hay cada día menos. El día trajo consigo cierta vulgaridad. Y ya no llueve.
La compañía curiosa de Blu, escribir a mano sobre un bloc delgado que alguien hizo d planillas en desuso, su superficie es blanda y la birome de trazo grueso es de color negro. Dos de los tres tomos del diccionario a un lado y el perfume de la yerba húmeda. Tiene mi soledad una cualidad de quietud y belleza.
De cerca me sigue impasible la figura de la silla vacía frente a mi; no tengo a quien mirar. Qué tan livianos deberán ser esos huesos para que, una vez allí depositados, no se desplomen en algún vacío -si existiera-, o evaporen en el?.
No mas preguntas, las hay cada día menos. El día trajo consigo cierta vulgaridad. Y ya no llueve.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Domingo a la mañana
Absorta en un relato real, que ilustra casas con
cosas, diurnas y cotidianas, comentarios que hablan de hogares poblados de
personajes graciosos, algunos de ellos, dramáticos entonces. Esa escritura que
airea los lugares con perfumes de historias y humanos. Noté que el mío también era un día para ser contado. Una mañana de domingo, alguien pintando
una pileta, tomar el sol de las 8 y media mientras se lee un libro, el que conté. Frente a mí la ligustrina de un verde profundo y oxigenado; parece un abrazo, pensé.
Ahora, que hube de refrescarme con un baño corto y
lleno de fragancias, me tiendo en la cama bajo el lento giro del ventilador, el televisor está encendido y, lo que es por nosotros, desamparado. A mi derecha escucho, entre
párrafo y párrafo leídos y como si estuviera a un mundo de distancia, su pequeña
vocecita mutando, según el muñeco que articule, la voz y personaje que sea, su
pequeña vocecita de juegos. Me sorprende cierta genialidad que reside en,
precisamente, conservar no importa qué o como, el factor sorpresa. Detenerse a observar
una piedra preciosa, con cada luz del pulido pensar en su autenticidad, su
crudeza, a veces también en su lugar de origen.
Siempre tengo pensamientos atroces. Ante una despedida por
ejemplo: y si fuera la última vez? Entonces apuro los te quiero, los besos, que
no falten, que quede en claro, que no te lo olvides. No digo que sea sano, digo
que es. Esta vez fue de ese tipo de reacciones, lo que me estaba perdiendo. Sin
bajar el libro o la mirada, sin mutar siquiera la respiración atendí los diálogos
de ese juego. Era su yo actual atentando contra la seguridad de algún
personaje, le iba con amenazas del tipo: Si TU, me hubieras hecho caso,
entonces YO, y seguía… Creo que apenas era la excusa para ensayar el idioma
neutro. Lo llamativo es como, cuando yo quise escuchar, el volumen disminuyó.
Primero pensé que era una casualidad, intenté otra vez; dejé de atender las
letras en el libro y sin moverme escuché a la vocecita. Otra vez, solo que bajó
el volumen y además esta vez también quitó el neutro. Que maravillosa es, pensé.
martes, 30 de septiembre de 2014
Venenos con azúcares
Salude a los fantasmas de la escalera y pensé que esa gente
ya tiene caras e historia. Reconocí la edad, el tiempo transcurrido, como algo
sin cualidades. Esos muertos fueron amigos, algunos todo lo contrario. Deudas
pendientes, ahora perpetuas, me obligan a bucear profundo en busca de un agua
cándida, que coteje la idea de la muerte con tanto amor como espanto.
Es el gráfico que representa la aceptación y el rechazo
ajenos, tanto la deseo como repelo. Las aguas puras serían entonces, en mi caso, las que crían
la autenticidad, donde son incompatibles la verdad y el agrado de los otros; donde
se es íntegro. Y a fin de cuentas qué culpa tengo yo de que me chupe un huevo
lo que piensen los demás! también me pregunto si alguien mas vería
la gema en esa cualidad…
No solo la aprecio; la lustro con mi aliento en cada transcurso. De todas mis personalidades siempre hay una dedicada exclusiva y constantemente a que nada dañe el sistema de seguridad. Que no
se olvide la posibilidad de que en cada siesta pueblerina, esas de soles ardientes y deportes a la orilla del río, late contenida una tempestad de veredictos, dictámenes criticosos, de
malicias piadosas, murmullos reprobatorios, de venenos con azucares, antídotos para contener quien sabe
qué desgracias rechazadas.
Claro que han sucedido filtraciones dañinas, y erradicarlas ha llevado años, de alguna particular aún se trabaja sobre la herida. Que atraviesen los zócalos o las ranuras. Que esas filtraciones cobraran importancia y morirse asi. Eso sí sería un desastre. Todo lo demás se resuelve.
Claro que han sucedido filtraciones dañinas, y erradicarlas ha llevado años, de alguna particular aún se trabaja sobre la herida. Que atraviesen los zócalos o las ranuras. Que esas filtraciones cobraran importancia y morirse asi. Eso sí sería un desastre. Todo lo demás se resuelve.
martes, 23 de septiembre de 2014
Cuento con esto
Cuento con esto: no me conocés ni te conozco. Hay una
lindura a tu alrededor, al menos eso creo. Es lindo verte. Apenas eso, con
mucho implícito, con poco claro, con nada a cuestas, sin pendientes, ni
expectantes. Apenas darme un baño y despojarme de todos los apocamientos. Ponerme
linda y verte. Quiero simple, sin la nube tormentosa, esa que tiene en cuenta
si una palabra de más implica deseos ocultos de perpetuidad, si una sonrisa
extra pretende algo que no se dice, si un minuto que no se defina para cierta
utilidad supone una propuesta de tiempos extensos de tu parte. Para que
vulgarizarnos en esto, no?...
Avisame cuando sea el momento de poner todo eso a dormir una
siesta, mirarnos de frente a fijarnos
que hay. Quiero apenas saber si somos de los que charlan sentados o echados, si
nos miraremos de frente o alguno se entrega a la timidez. Buscar sin
pensamiento el momento de alcanzarte algo, y atizar al paso la piel de los dos,
si es que se chocan. Apenas eso llegue, saber si es lindo, si se disfruta. Si salen caricias, y desde donde,
por donde, y para nada, por el solo hecho de que podemos, que no es poco.
Si alguna desnudez autentica, pidiera a gritos que alguno se
saque la ropa; quitarías primero la tuya o la mía? Te gustan los besos leves?
In crescendo? Tu abrazo aprieta o acaricia? Entra el ancho de mi cadera cuando
cruzas las manos para sostenerme?...es que, suelo derribarme en los besos
largos y lindos… Te gustarán asi? Te gustarán los labios rojos o rosa oscuro? Apreciaras la
máscara de mis pestañas de hoy? Notaras que me brillan mejor los ojos? Habrás
elegido si remera o camisa? En cuantas oportunidades mediste la distancia entre
vos y yo? Cuantas de ellas envalentonado y a cuantas renunciaste? Habrá sido confortable llegar finalmente a la distancia cero?...
El resto son nimiedades, y especulaciones. Hasta algún
momento, entonces…
martes, 16 de septiembre de 2014
Sepia
![]() |
| Ilustración: Lucía Laporta |
Llegó como siempre; a paso cansino y silencio total. Ese día, insistió, se percibía diferente. Amplió el número de sillas, mientras horneaba medialunas y panes; es que los últimos días se había incrementado la afluencia de público; lo atribuyó a la instalación de las nuevas oficinas del correo, que estaba cruzando la calle. El público que iba a escuchar sus historias eran en su mayoría oficinistas de la zona. Fue algo casual un día, un despertar a la comunicación, arrebato impensado y zas!...estaba frente a tres personas que escuchaban fascinadas la historia que contaba.
Sus relatos eran confesiones tristes y oscuras. Las adornaba con mentiras poéticas. Veía en contarlas la chance de quitárselas de encima de una buena vez. La belleza de las palabras que elegía tenía un efecto hipnótico en el público, y el uso acertado de la voz remataba la presa. Se jactaba en intimidad de su don. Sentía compensar así la tristeza de una vida solitaria y silenciosa. Cuando miraba tantos ojos llenos de aguas perdidas, olvidando un rato esas vidas de sonidos metálicos y mimos electrónicos, se creía un superhéroe al rescate de la carne y el hueso.
Pero esa mañana algo iba a cambiar. Ya desde la cama había oído llover. El goterío sonaba sobre el techo de chapa y en la mesa de plástico de la terraza. Se preveía un cambio drástico, hasta el gato lo anunciaba con maullidos nuevos cuando se despedía en el tapial bajo la garúa de las ocho. Se advertía en el suelo húmedo de huellas barrosas, en el ir y venir de sus propias botas de gamuza azul mientras decidía qué tanta lana, que tanta pana…
Pese a los presagios atendidos el suceso fue un golpe en el pecho, un pasaje al idioma de los elegidos, los que conocen algo que casi todo el resto no.
La vio entrar, empapada su ropa por la lluvia. Tratando de no mirarla mientras vagaba errante por el local, solo consiguió quedar mas en evidencia. Se embebió de los rasgos suaves que caminaban esos metros. Rasgos que nada hacían para llamar la atención y solo atendían los libros apestosos de tiempo y vida en los anaqueles. Era un ser armónico que transcurría, sucedía, en lugar de caminar.
La máquina de café a un lado, los vinilos al otro, y desde allá arriba, en el techo, o en el cielo, un corazón dispuesto, maravillosamente asaltado por la más cruda e inevitable de las realidades…
La máquina de café a un lado, los vinilos al otro, y desde allá arriba, en el techo, o en el cielo, un corazón dispuesto, maravillosamente asaltado por la más cruda e inevitable de las realidades…
Se acercó con palabras hermosas y sinceras; no las recuerda, debido al ensueño tal vez. Las recepcionó una boca perfumada de caramelo y rastros de cigarrillo, reía amplio si el chiste agudizaba alguna mala intención. Dialogo no, es verdad, no literal: ella había sido privada del habla, se expresaba delicadamente con gestos suaves y bellos, concretos. Resultaba inquietante como abría los labios rosados y ojos de miel para leer sus labios, y sus sonidos eran reacciones puras e impensadas. Tenía manos pequeñas, descuidadas y de un blanco suave. Igual su cara; era tan clara su piel que podían verse algunas venas, pensó que nadie podría dibujar algo tan bello y que resultara tan favorecedor.
Por un instante volvió a la realidad ordinaria, a su cueva oscura, a oler la humedad solitaria de las paredes grises, a barrer miles y miles de noches tristes y apagadas. Donde fuera que lo desechara, al amanecer del día siguiente, eso que barría ya había sido redistribuido por toda la habitación. Habría sido el gato, o el viento monótono o el leve del paso del tiempo... Estaría en las paredes, cuadros, en la colcha tejida, sus pantuflas, su taza y así, infinito… y tembló.
Entonces, lo impensado sucedió: ella sacudió sus ondas rubias y opacas, se quitó el abrigo y su buzo de frisa gris, y con un gesto le invitó un café.
No hizo uso de sus famosas palabras; apenas las miró ese mediodía, revueltas en el cajón que solo volvió a abrir para vestir de otros colores las penas, elegirles otros trajes y pelucas a los actores de una historia que ya no era suya, aunque la letra en el texto reconociera su paternidad. Eso afectó un poco la afluencia de público, que esperaba relatos lacrimógenos, de angustias ancestrales.
Observó las sillas vacías acariciando la pana que unas manos claras habían despojado, horas atrás, de pelos de gato y polvo de tiempo. Ya llegarán; otros habrá que puedan disfrutar esa calma. Serán quienes se hayan dado la chance de ese giro iluminado de 3.000 grados y decidido, a su par, acostarse en el pasto fresco de rocío a ver ese amanecer de fuego artificial. Y así fue.
Por decenas de años aprendió los recovecos que emanaban la armonía de ese cuerpo liviano. Cientos de semanas, aprendieron serenamente este amor de videocasetera. Miles de días y noches la casa del polvo del tiempo fue hogar de ojos y dientes brillantes, si el carácter melancólico dueño de casa aflojaba la cuerda un poco. Millones de horas se pensaron con bondad y gratitud mutua. Se desearon, calurosamente, incesantemente y, gracias a todas las magias, supieron demostrárselo con certeza.
Ella enfermó gravemente. Su cuerpo frágil decidió morir con la misma armonía que había decidido la vida. La agonía fue dulce, breve y silenciosa. Lo vivieron con simpleza y resignación. Lo vivieron, simplemente. Ella pasaba las tardes en el rincón que mas tiempo entibiaba el sol, escuchaba los relatos que la convertían en princesa de los cuentos y ofrecía pañuelos de papel a quienes emocionaran esas bellas palabras. Y, mientras, pintaba. Confeccionó el recorrido de su muerte, eran alimañas espantosas que rasgaban órganos humanos, anaranjados furiosos y violetas deprimidos. Así como en su cuerpo, tintineaba en sus pinceles, la peste; crueles y bellas láminas que pronto tapizaron la tienda.
Se dijeron algunas cosas pendientes, concretaron sueños sencillos como una siesta en la montaña, o cantar una canción frente al público de la tienda. Y una tarde fresca de invierno, mientras el perfume de la siesta inundaba el domingo, se abrazaron con amor, y gratitud a modo despedida.
Vuelvo hace un rato de escuchar una mas de esas historias de gente preciosa, imperfecta, sucediendo en vínculos que asoman a la luz por el solo y bello hecho de ser contados.
La vi hermosa, fuerte. Discutía con periodistas cuando llegué; le pesa si tratan de bucear las aguas íntimas de la joven, revolucionaria, y ya célebre pintora fallecida. Desde que las láminas aquellas cobraron tanta notoriedad la persiguen, no solo por información, sino con ofertas tratando de llevárselas. Como si eso fuera posible.
Me hizo un guiño cómplice y me senté a observar, a acompañar. Ya no es la joven aquella, de colores apagados que conocí. Es ahora una mujer elegante, bella y fuerte, ya sé, ya lo dije, pero es así. A veces se pierde, se va, se puede ver el recorrido en su mirada, la conciencia de quien ha sido feliz y sabe adonde es que no hay que llegar, o volver. Despierta de estos ensueños renovada y, mientras afloja su peinado siempre tirante, para nuestra dicha, nos relata su sueño. Con o sin disfraces.
Yo los miro cuando en el silencio resuena su voz, a veces atragantada de duelo y agravada por el carraspeo y el tabaco de vainilla. Los veo dejarse caer, sin red sobre un colchón de posibilidades. Y en la caída explotan la garúa del césped, las alimañas en el cuerpo, las jóvenes de colores apagados, los azules infinitos de montaña, el olor a pan horneado, los amaneceres de fuego artificial y las piruetas de 3.000 grados. Seguramente, afinando el oído, puedan como yo, esos seres, ser asaltados por la más cruda, maravillosa e inevitable de las realidades: la magia.
martes, 29 de abril de 2014
Sobre tontos en tumbas
Otra vez llama Bonifacio...Otra vez!!. Parece que de nuevo hubo sonidos (y mas, también...) extraños, con señales de arañazos como intentos obvios de escapar. Dijo Bonifacio que lo novedoso y único de este episodio fue que hubo espectadores ya que fue al atardecer, unas 5 o 6 horas antes que de costumbre. Que los espectadores incluso protagonizaron escándalos espectaculares, derramando chillidos de terror y moviendo todo el cuerpo en señal de previa panicosa ante la sola idea de estar presenciando una rebelión zombie, alertaron a todos los vecinos, que le avisaban a otros, y que se convocaron atónitos a presenciar el show. Parece que hasta el día siguiente se juntó gente, casi una multitud. Yo no me había enterado...
"Y porqué me llama a mí?" le pregunto -lógicamente- "Es que ELLOS preguntan por usted, la buscan a usted!" me contesta, bastante apático para ser lo que es la situación, "y me estoy cansando ya, me arruinan el nicho, ahora me dejaron la lápida toda marcada de restos de uñas y pedazos de dedos, se ve que están bastante podridos ya. Va a haber que solucionar esta situación, no dan a basto los productos de limpieza, y yo ya estoy podrido también, pero de hacer horas extras, la carne podrida mancha jodido mancha..." Le digo que lo llamo mas tarde, que ahora no sé que decirle y me voy a ver a la psicóloga.
Ya en sesión Gabriela me pregunta -lógicamente- porqué me importa tanto, si esos no son mis muertos, si yo no soy su asesina. Le digo que no me duele tanto el juicio como la hipocresía y que la única culpa que puedo esculpir es la mía, mis miserias, y no la de esos dos. me contesta que eso no responde su pregunta, pero que lo dejemos acá.
Me acuesto a dormir pensando en esto y me levanto pensando en esto, y decidida a tomar alguna medida al respecto. Llamo a Bonifacio, le digo que el problema es usted Bonifacio. Se ofende y con la herencia paisana en su tono me dice que no me permite que no sea atrevida, que debería valorar su oficio y destaca cómo esa misma mañana pagó de su mismo bolsillo por segunda vez el veneno para las ratas y ayer volvió a hacer horas extras, que él es un tipo grande y yo una pendeja atrevida. Le cuento de mis 37 añitos como algo anecdótico y le aclaro; que no se preocupe, que lo voy a indemnizar, pero el problema es que usted esté acá, y de ahora en mas, Bonifacio, a esos muertos los voy a cuidar yo.
La psicóloga me dice que fué una buena decisión.
"Y porqué me llama a mí?" le pregunto -lógicamente- "Es que ELLOS preguntan por usted, la buscan a usted!" me contesta, bastante apático para ser lo que es la situación, "y me estoy cansando ya, me arruinan el nicho, ahora me dejaron la lápida toda marcada de restos de uñas y pedazos de dedos, se ve que están bastante podridos ya. Va a haber que solucionar esta situación, no dan a basto los productos de limpieza, y yo ya estoy podrido también, pero de hacer horas extras, la carne podrida mancha jodido mancha..." Le digo que lo llamo mas tarde, que ahora no sé que decirle y me voy a ver a la psicóloga.
Ya en sesión Gabriela me pregunta -lógicamente- porqué me importa tanto, si esos no son mis muertos, si yo no soy su asesina. Le digo que no me duele tanto el juicio como la hipocresía y que la única culpa que puedo esculpir es la mía, mis miserias, y no la de esos dos. me contesta que eso no responde su pregunta, pero que lo dejemos acá.
Me acuesto a dormir pensando en esto y me levanto pensando en esto, y decidida a tomar alguna medida al respecto. Llamo a Bonifacio, le digo que el problema es usted Bonifacio. Se ofende y con la herencia paisana en su tono me dice que no me permite que no sea atrevida, que debería valorar su oficio y destaca cómo esa misma mañana pagó de su mismo bolsillo por segunda vez el veneno para las ratas y ayer volvió a hacer horas extras, que él es un tipo grande y yo una pendeja atrevida. Le cuento de mis 37 añitos como algo anecdótico y le aclaro; que no se preocupe, que lo voy a indemnizar, pero el problema es que usted esté acá, y de ahora en mas, Bonifacio, a esos muertos los voy a cuidar yo.
La psicóloga me dice que fué una buena decisión.
lunes, 17 de febrero de 2014
Una de Carnaval (y van...)
viernes, 7 de febrero de 2014
Noche Negra
Cuales son las chances para estos cuatro lados angostos y oscuros?. Todas las calamidades tendrán lugar estas horas en este lugar. Las axilas ardientes anuncian que pronto harán su entrada apariciones espectrales, seguramente se asomen en la puerta, vestida una de negro buscandome en mi viaje final a una muerte despreciable. Tal vez me esperen en algún
rincón impensado si decido moverme de acá, pero por ahora moverme no es una posibilidad. Malos sueños de otros. Cadáveres
andantes de torso desnudo y cabeza cubierta se anuncian con el sonido de su
renguera torpe, dificultosa, mientras baja la escalera, prontos a descargar la ira de su final trágico y
doloroso. Ella es de color gris y lleva el pelo largo, gime sus dolores injustos, y
me los reclama. Sobre mi aire; agua, y tiburones. Barrabravas con puntas caseras
q no serán piadosos a la hora de matarme delante de ella, tal vez elijan hacerlo a mazazos, quien sabe si no nos involucraran para tomar la decisión del método, quien sabe si nos lo hagan a las dos... Sudor frío, sobre la piel caliente, pestilencia. Luces malignas. Ceguera. El demonio. Voces lejanas y una muñeca
gigante y malintencionada. A cada lado del cuello asoma un cuerpo oscuro q no
se deja ver del todo, pero está, siempre a punto de tocarme, no entiendo que
quiere acá. Agentes de la Federal que entran con su propia llave. Al pie de la
escalera se posa un muerto más de varios; son mujeres furiosas y hombres
tristes. Cada músculo del cuerpo se entumece hasta petrificarse y desplazado de
su lugar original. Semillas del cáncer diseminadas en todo el organismo,
creciendo ante mi ignorancia y devorando todo a su paso. Espantos innombrables
le suceden a ella, imposible ilustrarlo ahora. Ratas. Paros cardíacos que la dejan
sola, obstrucciones cerebrales que me dejan sola e inmóvil. Hambre, demencia y
abandono. La guerra y, finalmente, la
idea de un Dios que desconozco, que condena con criterio de pueblerino obtuso y malicioso.
Ya siento, aunque a duras penas, los hombros apretados contra el
cuello, inflamado, dolorido, apretando los dientes se han involucrado orejas,
sienes, hombros, y he cerrado los puños tan fuerte...debo esperar y respirar
a conciencia para volver a abrirlos y recuperar movilidad.
Me alivia saber que pronto todo termina; la vecina se
ha puesto los tacos, y prepara su café.
Sobre esto que cuento mas arriba he sido muy honesta, se me
ha hecho difícil, si bien necesario, exorcizarlo.
Aún no sé si conté todo lo que siempre temo en algunas noches de mal desvelo,
admito que algunos detalles me dan vergüenza, me siento un poco loca. Pero se
me ocurre esta reflexión al respecto: existe gente que piensa que, por esas cosas
que jamás entenderemos, tiene autoridad
para juzgar y despreciar a otros. Mas allá de como se traduzca en su forma de vida esta
actitud (desde habladurías hasta asesinatos, condenas públicas, políticas,
ideológicas, censura, lo que sea), ya de por sí eso es bastante loco,
no?...Ahora reviso nuevamente mi escritura de mas arriba, y sintiéndome sana en el mejor sentido de la palabra me voy a descansar mucho mas tranquila.
jueves, 6 de febrero de 2014
Confesiones desde el Camino
Como ser igual de honesta sobre algo mas de una vez…Será que
algunas verdades tienen vida útil…Busco metáforas que me ayuden a hablar; son
todas vulgares.
Pensaba en un tren, que recorre paisajes muy agradables y se
detenía ante los que miraba mas bellos y cómodos. Yo era la guardiana de ese tren, bajaba
esperanzada, optimista, y me enamoraba de esas tierras vírgenes. No necesitando
promesas grandiosas elegía confiada.
Empezaba por emparejar la tierra, solo deseando levantar
allí una pequeña choza, ya habría tiempo para estructuras elaboradas y
vistosas! Anhelaba retosar los atardeceres del color de la sandía y disfrutar
de un Martini con naranja y dos cubitos de hielo; no preocuparnos por
hormigueros ni pastos pinchosos era toda la ambición.
Alguna tarde de esas, de reposo, entre charla y charla, se me
ocurriría construir un kiosco, tal vez de algunas de tus comidas favoritas, y
colgar guirnaldas de banderines para que los mas chicos se vieran tentados a
acercarse y nosotros poder esperarlos con ansias. Si así fuera, sin dudas,
habría que hacer mas espacio, limpiar la maleza y desinfectar los terrenos,
porque muchas cosas pueden ser dañinas para ellos. Con qué gusto hubiera robado
ratos a esos descansos rosados, entre uno y otro de mis viajes!
No me hubiera importado llegar con la ropa y la cara y las
manos manchadas de grasa y carbón, con olor a sudor pestilente, y el pelo como una bruja, directo a continuar una tarea ardua y plena, montar
ladrillo a ladrillo la nueva estación, revocar paredes, instalar tuberías e
inclusive bordar mantas que nos protegieran de los golpes si había choques,
así nadie tenía ganas de salir corriendo después de alguna discusión técnica,
al menos no sin antes probar el refugio que se encontrara a mano…
Estaba diciendo entonces; yo era la guardiana de ese tren, un tren que,
indefectiblemente seguía su marcha. Pero no hubo tal construcción. Y definitivamente yo no era el suicida de la vía.
martes, 28 de enero de 2014
Superpoderes - Memorandum de tus pequeñeces
No se los suyos, pero mi niña tiene apenas 3 años y recibe
Carjetas de invitación a fiestas de desconocidos, de ellos recuerda, por
ejemplo; nombres o color del vestido o remera que llevaban el único día que los
vió, en general ese color es un signo: Pipi la Roja, o Tomy el Gris, x ejemplo.
Realiza llamadas imaginarias desde un Misilular. Gruñe y repta como un
cavernícola con la misma pasión que juega a ser princesa. Dice Nedro, Dracias y
Dranja y, si toma jugo de naranja en el desayuno, que sea con Azuque x favor.
Yo sé que puede ser algo frecuente, pero mi hija compone
canciones como la gloriosa Atiniqueu en todos los ritmos, (aunque la rockeada
no tenga igual), y conjuga los verbos sorprendentemente: todos sus tiempos
terminan en í. Ni hablar de sus oraciones especiales: Mamá, Feli está mío
atras? Es un ejemplo simple pero efectivo. Sin mencionar el uso acertado, demagógico
y hermoso de los diminutivos; o los populares “Esí y Eno” que ya se van
desvaneciendo…
Uno no puede mas que pensar que es especial cuando Esmeralda
Pide un Mesito en el Chaquete y en la primer peli del día inevitablemente
quiere el volumen un Copito mas Juerte. Es capaz de decir con la misma exacta
simpatía y buen tono “ Pedmiso, A vedd… Pod Favod,… Draciass…” una decena de
veces seguidas con tal de llegar lo antes posible al plato de papas fritas y no
teme ponerse bizca, o agudizar el timbre de voz si los recursos deben ser
extremos para caer en gracia, igual su caminata de mono cuando rastrilla el área en busca de nuevas conquistas. Y si sabe que mi cuello o espalda me están castigando otra vez no tiene duda en ofrecer sus Mensajitos sanadores.
Pero hay algo que distingue a mi hija del resto del mundo, sobre
esto no tengo la menor duda; ella tiene un superpoder;
ella puede, entre otras cosas, intuir cuando necesito más que nunca de sus
mimos. Entonces, sin ninguna vara métrica de lo que hago bien y mal, ni un dedo
apuntador de los resultados del juicio, declarándome merecedora en todo tiempo,
lugar u ocasión, ella me besa y arregla el mundo.
sábado, 11 de enero de 2014
Simple
Como si fuera todo nuevo recorro pasillos, escaleras y habitaciones
secretas, rincones soleados y cálidos que fui clausurando, como esos chiquitos
que prefieren las puertas todas cerradas para dormir más tranquilos.
Encuentro en estas habitaciones abandonadas la belleza nostálgica
de la que fui, las fotos viejas de una familia pequeña y dañada, la crudeza en
el encuentro con las verdades que han sido libradas a su suerte; hablan con
nitidez y carentes ya de violencia.
A cada paso tropiezo con montañas de convicciones confeccionadas
minuciosamente a lo largo de años. Se ven deslucidas; todos esos lazos y
ribetes y alforzas, esas puntillas tejidas paciente, consciente, casi
religiosamente se ven hoy como montañas de trapos sucios, viejos e inútiles. De esas que se huele desde lejos y hacen picar la nariz.
Quise descartarlas con prolijidad. En un intento de
reutilizar quité los hilos rotos, cambié botones, remendé ojales; las he
puesto en remojo, vuelto a secar y colgar. Pero no.
Definitivamente no. Quiero dejarlo todo libre. Hoy me quedé
solamente con este vestido; simple, lindo, liviano, y fresco. SIMPLE.
Ya tendré tiempo para barrer de a montañas. Quiero ir liviana, elijo esta simpleza. Me
perdono el cinismo y las verdades adornadas a mi conveniencia y temores.
Hoy encaro tiburones y me permito con humildad limarle al
menos un colmillo.
Hoy prefiero saber que me equivoqué y era tan sencillo como
cerrar esas puertas e irme. Tal vez para volver en algún momento, porqué no? Dejar
ordenadas las estanterías y abrir todas las puertas y ventanas para que la
brisa siga corriendo y llevándose los olores apestosos.
Yo me quise ir, con una gran sonrisa de agradecimiento y la necesidad (necedad?) imperiosa de creer y querer.
Yo me quise ir, con una gran sonrisa de agradecimiento y la necesidad (necedad?) imperiosa de creer y querer.
Un adiós simple, y un cagazo terrible, pero SIMPLE.
Y bueno. Te amo.
miércoles, 8 de enero de 2014
Diario de combate
En balance entre la verdad y la estupidez, nada prohibiría la
crudeza si es que fuera necesaria. Es decir: me quedo si lo que duele es honesto,
y lo que lastima también; a sabiendas de que la protección mas efectiva es
apenas cruzar los dedos antes de largar un nuevo tramo en busca de un par de
sonrisas.
A cada momento me conozco, no soy lo que yo creía, de a lados
me voy cayendo y mientras reconstruyo otro costado que se derrumba… soy real, eso
sí, y ya muy poco me hace sentir orgullosa, decepcionada o incluso, pese a los pronósticos,
temerosa.
Mi posta es esta trinchera. Es un lugar tranquilo, casi
brillante. Me vas a ver distendida, atípicamente…Vas a notar que a diario me
doy dos o tres duchas, me alimento bien y a veces hasta en exceso, duermo
cómodamente y me tomo mis buenos tragos. Es verdad, es disonante mi ritmo, en un lugar donde esperarías marearte oliendo pólvora
y dolor.
Nunca va a faltar, para un guerrero cansado, aunque vengas
del lado opuesto en el mapa del combate,
un vaso amigo, un paño húmedo para limpiar de tu frente el lodo de los pantanos
decepcionosos que hayas cruzado últimamente. Sí puedo lamer la sangre seca,
hasta la mas añosa, buscando la manera de que sigas tu andar mas tranquilo, sin
esos tironeos - los conozco tan bien!...- de una herida cuando está mal
cerrada. Vas a notar que la guerra puede ser amigable y cálida también.
Solo tené cuidado; si te encuentra aquí la noche, si entre
copa y copa se nos va una de mas y sentís la panza pesarosa e incómoda, y de a poco encontrás acomodo en mi tienda para pasar un rato mas, y aprovechas para
distender vértebra por vertebra la espalda sobre un colchón de suposiciones que
pueden hasta tener fundamento.
Mi rincón es templado y cómodo, me rodean lupas y sábanas
limpias para los viajeros, y una canasta a medio llenar de deseos concretos. Desde aquí es que voy a mirarte; conozco cada uno de tus pasos; vas desprender
el cinturón y quitarte el casco, aflojar los cordones de las botas barrosas y
pesadas y aliviar sonando los dedos de los pies.
Después vas a necesitar quitarte el pantalón y la camiseta para
sentir el aire fresco y limpio, y tal vez embriagado por el descanso te atrevas
a soñar que ya pasaste de aquí, que ha sido tan fácil que seguramente haya más
y mejor del otro lado. Desde mi silla (siempre descanso en una silla) te voy a
ver ensoñar, y te voy a aplaudir mientras te inflas de ego y felicidad.
Y no será bueno si, descuidado, y entre vuelta y vuelta somnolienta,entre el borde
de tu media y el pliegue de las sábanas, veo brillar, clandestino, un puñal…
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