viernes, 8 de noviembre de 2013

Lluvia

Que lindo el arranque si el día es de lluvia, q buen augurio. Lindo lo nuevo y lo bueno. Este “quiensabequé”. Todo suena, huele y se anuncia diferente, como si la maravilla estuviera en cada palmo, como si lo imposible fuera la utopía.

Levantarse abrigada, preparar el mate y necesitar darle un poco mas al volumen, pero tampoco mucho, no vaya una a perderse las gotas que caen en alguna chapa cercana, si es posible las de mas allá también. Y si es lluvia copiosa y constante, entonces incorporarlas a la canción, a cada canción y cada cosa.

El día de lluvia nos puede resultar muchas cosas menos indiferente. Toca el aire que entra en los lugares cerrados y la hora en que volvemos a casa. Recicla lo hincha pelotas de cicatrices viejas que te habías olvidado y te impone el uso de calzados agobiantes. Te Despreocupa del peinado y la apariencia de los pisos, de pasarte unos minutos del horario acordado y de traicionar la dieta.

Vela, por un rato, la reticencia a repasar canciones de fotos tristes y recordar abrazos largos y profundos. Reúne. Induce el diálogo, aunque te ahogues en un silencio completo de soledad; y, si hubiera gente, una mira mejor un día de lluvia! con mejores  intenciones; con ganas de que eso sea bueno y bien, ganas de que, lo que sea, sea cierto.


El registro aireado y sonoro, relato inevitable de cómo aquí al lado nomás hay una inmensidad que no nos contempla con tantas aristas. No considera tribus, castas sociales, profesiones, cuentas bancarias, talentos, miserias ni estirpes, tu hambre o tu plenitud le son indiferentes, lo que tiene para dar te lo regala igual. Nosotres pares de esas gotas golpeando las chapas, maderas, céspedes y lajas. Valdrá la pena bajar la música para escucharnos de aquel lado?...