domingo, 30 de noviembre de 2014

Otro domingo

En una ceremonia lenta cada gota introduce el día que validará esta noche. Buen momento para mate, un poco de Borges, que me lleva puntilloso, a nuevas ignorancias. Aún es noche y atravieso este crepúsculo en la casa de las ventanas. 

La compañía curiosa de Blu, escribir a mano sobre un bloc delgado que alguien hizo d planillas en desuso, su superficie es blanda y la birome de trazo grueso es de color negro. Dos de los tres tomos del diccionario a un lado y el perfume de la yerba húmeda. Tiene mi soledad una cualidad de quietud y belleza.


De cerca me sigue impasible la figura de la silla vacía frente a mi; no tengo a quien mirar. Qué tan livianos deberán ser esos huesos para que, una vez allí depositados, no se desplomen en algún vacío -si existiera-, o evaporen en el?. 


No mas preguntas, las hay cada día menos. El día trajo consigo cierta vulgaridad. Y ya no llueve.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Domingo a la mañana

Absorta en un relato real, que ilustra casas con cosas, diurnas y cotidianas, comentarios que hablan de hogares poblados de personajes graciosos, algunos de ellos, dramáticos entonces. Esa escritura que airea los lugares con perfumes de historias y humanos. Noté que el mío también era un día para ser contado. Una mañana de domingo, alguien pintando una pileta, tomar el sol de las 8 y media mientras se lee un libro, el que conté. Frente a mí la ligustrina de un verde profundo y oxigenado; parece un abrazo, pensé.

Ahora, que hube de refrescarme con un baño corto y lleno de fragancias, me tiendo en la cama bajo el lento giro del ventilador, el televisor está encendido y, lo que es por nosotros, desamparado. A mi derecha escucho, entre párrafo y párrafo leídos y como si estuviera a un mundo de distancia, su pequeña vocecita mutando, según el muñeco que articule, la voz y personaje que sea, su pequeña vocecita de juegos. Me sorprende cierta genialidad que reside en, precisamente, conservar no importa qué o como, el factor sorpresa. Detenerse a observar una piedra preciosa, con cada luz del pulido pensar en su autenticidad, su crudeza, a veces también en su lugar de origen.


Siempre tengo pensamientos atroces. Ante una despedida por ejemplo: y si fuera la última vez? Entonces apuro los te quiero, los besos, que no falten, que quede en claro, que no te lo olvides. No digo que sea sano, digo que es. Esta vez fue de ese tipo de reacciones, lo que me estaba perdiendo. Sin bajar el libro o la mirada, sin mutar siquiera la respiración atendí los diálogos de ese juego. Era su yo actual atentando contra la seguridad de algún personaje, le iba con amenazas del tipo: Si TU, me hubieras hecho caso, entonces YO, y seguía… Creo que apenas era la excusa para ensayar el idioma neutro. Lo llamativo es como, cuando yo quise escuchar, el volumen disminuyó. Primero pensé que era una casualidad, intenté otra vez; dejé de atender las letras en el libro y sin moverme escuché a la vocecita. Otra vez, solo que bajó el volumen y además esta vez también quitó el neutro. Que maravillosa es, pensé.