lunes, 17 de febrero de 2014
Una de Carnaval (y van...)
viernes, 7 de febrero de 2014
Noche Negra
Cuales son las chances para estos cuatro lados angostos y oscuros?. Todas las calamidades tendrán lugar estas horas en este lugar. Las axilas ardientes anuncian que pronto harán su entrada apariciones espectrales, seguramente se asomen en la puerta, vestida una de negro buscandome en mi viaje final a una muerte despreciable. Tal vez me esperen en algún
rincón impensado si decido moverme de acá, pero por ahora moverme no es una posibilidad. Malos sueños de otros. Cadáveres
andantes de torso desnudo y cabeza cubierta se anuncian con el sonido de su
renguera torpe, dificultosa, mientras baja la escalera, prontos a descargar la ira de su final trágico y
doloroso. Ella es de color gris y lleva el pelo largo, gime sus dolores injustos, y
me los reclama. Sobre mi aire; agua, y tiburones. Barrabravas con puntas caseras
q no serán piadosos a la hora de matarme delante de ella, tal vez elijan hacerlo a mazazos, quien sabe si no nos involucraran para tomar la decisión del método, quien sabe si nos lo hagan a las dos... Sudor frío, sobre la piel caliente, pestilencia. Luces malignas. Ceguera. El demonio. Voces lejanas y una muñeca
gigante y malintencionada. A cada lado del cuello asoma un cuerpo oscuro q no
se deja ver del todo, pero está, siempre a punto de tocarme, no entiendo que
quiere acá. Agentes de la Federal que entran con su propia llave. Al pie de la
escalera se posa un muerto más de varios; son mujeres furiosas y hombres
tristes. Cada músculo del cuerpo se entumece hasta petrificarse y desplazado de
su lugar original. Semillas del cáncer diseminadas en todo el organismo,
creciendo ante mi ignorancia y devorando todo a su paso. Espantos innombrables
le suceden a ella, imposible ilustrarlo ahora. Ratas. Paros cardíacos que la dejan
sola, obstrucciones cerebrales que me dejan sola e inmóvil. Hambre, demencia y
abandono. La guerra y, finalmente, la
idea de un Dios que desconozco, que condena con criterio de pueblerino obtuso y malicioso.
Ya siento, aunque a duras penas, los hombros apretados contra el
cuello, inflamado, dolorido, apretando los dientes se han involucrado orejas,
sienes, hombros, y he cerrado los puños tan fuerte...debo esperar y respirar
a conciencia para volver a abrirlos y recuperar movilidad.
Me alivia saber que pronto todo termina; la vecina se
ha puesto los tacos, y prepara su café.
Sobre esto que cuento mas arriba he sido muy honesta, se me
ha hecho difícil, si bien necesario, exorcizarlo.
Aún no sé si conté todo lo que siempre temo en algunas noches de mal desvelo,
admito que algunos detalles me dan vergüenza, me siento un poco loca. Pero se
me ocurre esta reflexión al respecto: existe gente que piensa que, por esas cosas
que jamás entenderemos, tiene autoridad
para juzgar y despreciar a otros. Mas allá de como se traduzca en su forma de vida esta
actitud (desde habladurías hasta asesinatos, condenas públicas, políticas,
ideológicas, censura, lo que sea), ya de por sí eso es bastante loco,
no?...Ahora reviso nuevamente mi escritura de mas arriba, y sintiéndome sana en el mejor sentido de la palabra me voy a descansar mucho mas tranquila.
jueves, 6 de febrero de 2014
Confesiones desde el Camino
Como ser igual de honesta sobre algo mas de una vez…Será que
algunas verdades tienen vida útil…Busco metáforas que me ayuden a hablar; son
todas vulgares.
Pensaba en un tren, que recorre paisajes muy agradables y se
detenía ante los que miraba mas bellos y cómodos. Yo era la guardiana de ese tren, bajaba
esperanzada, optimista, y me enamoraba de esas tierras vírgenes. No necesitando
promesas grandiosas elegía confiada.
Empezaba por emparejar la tierra, solo deseando levantar
allí una pequeña choza, ya habría tiempo para estructuras elaboradas y
vistosas! Anhelaba retosar los atardeceres del color de la sandía y disfrutar
de un Martini con naranja y dos cubitos de hielo; no preocuparnos por
hormigueros ni pastos pinchosos era toda la ambición.
Alguna tarde de esas, de reposo, entre charla y charla, se me
ocurriría construir un kiosco, tal vez de algunas de tus comidas favoritas, y
colgar guirnaldas de banderines para que los mas chicos se vieran tentados a
acercarse y nosotros poder esperarlos con ansias. Si así fuera, sin dudas,
habría que hacer mas espacio, limpiar la maleza y desinfectar los terrenos,
porque muchas cosas pueden ser dañinas para ellos. Con qué gusto hubiera robado
ratos a esos descansos rosados, entre uno y otro de mis viajes!
No me hubiera importado llegar con la ropa y la cara y las
manos manchadas de grasa y carbón, con olor a sudor pestilente, y el pelo como una bruja, directo a continuar una tarea ardua y plena, montar
ladrillo a ladrillo la nueva estación, revocar paredes, instalar tuberías e
inclusive bordar mantas que nos protegieran de los golpes si había choques,
así nadie tenía ganas de salir corriendo después de alguna discusión técnica,
al menos no sin antes probar el refugio que se encontrara a mano…
Estaba diciendo entonces; yo era la guardiana de ese tren, un tren que,
indefectiblemente seguía su marcha. Pero no hubo tal construcción. Y definitivamente yo no era el suicida de la vía.
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