lunes, 17 de febrero de 2014

Una de Carnaval (y van...)

Ahhh…los carnavales gualeyos. Sin mitos de por medio, realidades fantásticas, olor a fantasía concreta y CALOR, un calor indescriptible, calor en la piel, en el alma, en la garganta. Calor del que contagia a cualquiera que se sienta apenas dispuesto. Todo gusta y fascina, y calienta! Carnaval sanguíneo si los hay, no apto para escépticos juiciosos, ni elitismos sociales ni tribus urbanas. Callejón apretado de deseos de cosas buenas y lindas. Recorridos de mis enormes primeros amores, se me aprietan la garganta y los ojos de agua y sudor, de terror a las mascaritas que nos golpeaban con una especie de media rellena con jamás sabré que. De terminar las madrugadas CONGELADA y empapada por el agua de las pachangas con ese sabor plástico que nunca volví a probar. Te ibas a dormir vacía, todo se quedaba ahí, dando vueltas inquieto, esperando el siguiente sábado...

viernes, 7 de febrero de 2014

Noche Negra

Cuales son las chances para estos cuatro lados angostos y oscuros?. Todas las calamidades tendrán lugar estas horas en este lugar. Las axilas ardientes anuncian que pronto harán su entrada apariciones espectrales, seguramente se asomen en la puerta, vestida una de negro buscandome en mi viaje final a una muerte despreciable. Tal vez me esperen en algún rincón impensado si decido moverme de acá, pero por ahora moverme no es una posibilidad. Malos sueños de otros. Cadáveres andantes de torso desnudo y cabeza cubierta se anuncian con el sonido de su renguera torpe, dificultosa, mientras baja la escalera, prontos a descargar la ira de su final trágico y doloroso. Ella es de color gris y lleva el pelo largo, gime sus dolores injustos, y me los reclama. Sobre mi aire; agua, y tiburones. Barrabravas con puntas caseras q no serán piadosos a la hora de matarme delante de ella, tal vez elijan hacerlo a mazazos, quien sabe si no nos involucraran para tomar la decisión del método, quien sabe si nos lo hagan a las dos... Sudor frío, sobre la piel caliente, pestilencia. Luces malignas. Ceguera. El demonio. Voces lejanas y una muñeca gigante y malintencionada. A cada lado del cuello asoma un cuerpo oscuro q no se deja ver del todo, pero está, siempre a punto de tocarme, no entiendo que quiere acá. Agentes de la Federal que entran con su propia llave. Al pie de la escalera se posa un muerto más de varios; son mujeres furiosas y hombres tristes. Cada músculo del cuerpo se entumece hasta petrificarse y desplazado de su lugar original. Semillas del cáncer diseminadas en todo el organismo, creciendo ante mi ignorancia y devorando todo a su paso. Espantos innombrables le suceden a ella, imposible ilustrarlo ahora. Ratas. Paros cardíacos que la dejan sola, obstrucciones cerebrales que me dejan sola e inmóvil. Hambre, demencia y abandono. La guerra y, finalmente, la idea de un Dios que desconozco, que condena con criterio de pueblerino obtuso y malicioso.

Ya siento, aunque a duras penas, los hombros apretados contra el cuello, inflamado, dolorido, apretando los dientes se han involucrado orejas, sienes, hombros, y he cerrado los puños tan fuerte...debo esperar y respirar a conciencia para volver a abrirlos y recuperar movilidad.

Me alivia saber que pronto todo termina; la vecina se ha puesto los tacos, y prepara su café.



Sobre esto que cuento mas arriba he sido muy honesta, se me ha hecho difícil, si bien necesario,  exorcizarlo. Aún no sé si conté todo lo que siempre temo en algunas noches de mal desvelo, admito que algunos detalles me dan vergüenza, me siento un poco loca. Pero se me ocurre esta reflexión al respecto: existe gente que piensa que, por esas cosas que jamás entenderemos, tiene  autoridad para juzgar y despreciar a otros. Mas allá de como se traduzca en su forma de vida esta actitud (desde habladurías hasta asesinatos, condenas públicas, políticas, ideológicas, censura, lo que sea), ya de por sí eso es bastante loco, no?...Ahora reviso nuevamente mi escritura de mas arriba, y sintiéndome sana en el mejor sentido de la palabra me voy a descansar mucho mas tranquila.

jueves, 6 de febrero de 2014

Confesiones desde el Camino


Como ser igual de honesta sobre algo mas de una vez…Será que algunas verdades tienen vida útil…Busco metáforas que me ayuden a hablar; son todas vulgares.

Pensaba en un tren, que recorre paisajes muy agradables y se detenía ante los que miraba mas bellos y cómodos. Yo era la guardiana de ese tren, bajaba esperanzada, optimista, y me enamoraba de esas tierras vírgenes. No necesitando promesas grandiosas elegía confiada.

Empezaba por emparejar la tierra, solo deseando levantar allí una pequeña choza, ya habría tiempo para estructuras elaboradas y vistosas! Anhelaba retosar los atardeceres del color de la sandía y disfrutar de un Martini con naranja y dos cubitos de hielo; no preocuparnos por hormigueros ni pastos pinchosos era toda la ambición.

Alguna tarde de esas, de reposo, entre charla y charla, se me ocurriría construir un kiosco, tal vez de algunas de tus comidas favoritas, y colgar guirnaldas de banderines para que los mas chicos se vieran tentados a acercarse y nosotros poder esperarlos con ansias. Si así fuera, sin dudas, habría que hacer mas espacio, limpiar la maleza y desinfectar los terrenos, porque muchas cosas pueden ser dañinas para ellos. Con qué gusto hubiera robado ratos a esos descansos rosados, entre uno y otro de mis viajes!

No me hubiera importado llegar con la ropa y la cara y las manos manchadas de grasa y carbón, con olor a sudor pestilente, y el pelo como una bruja, directo a continuar una tarea ardua y plena, montar ladrillo a ladrillo la nueva estación, revocar paredes, instalar tuberías e inclusive bordar mantas que nos protegieran de los golpes si había choques, así nadie tenía ganas de salir corriendo después de alguna discusión técnica, al menos no sin antes probar el refugio que se encontrara a mano…


Estaba diciendo entonces; yo era la guardiana de ese tren, un tren que, indefectiblemente seguía su marcha. Pero no hubo tal construcción. Y definitivamente yo no era el suicida de la vía.