El tema de las familias necesita un reset, se siente cruel a
veces el mensaje generalizado de cuales son los roles de las familias. Si,
claro que naturalmente hay pasos a seguir, normas que plantear, expectativas
que colmar si has sido madre o padre, si te tocó tener hermanxs, o sobrinxs, o
primxs. Sin embargo en la sobredosis de comunicaciones en la que vivimos
inmersxs se me ocurre que los conjuntos sociales más modernos debieran ser también
más generosos y sinceros con la concepción del término “familia”, es imposible
pretender que ignoramos algunos datos, o que esos datos son mentirosos.
Aún desconociendo cifras concretas, sin ponerme muy estricta
sobre esto y guiándome apenas con los
datos colectados de personas conocidas a lo largo de mis 41 años de vida puedo
asegurar: que históricamente los perpetradores de los abusos de niñas y niños
han sido hombres padres/abuelos/tíos de familia que han contado con el manto
protector de madres/abuelas/tías/hermanas. Históricamente madres y padres han
sido verdugos de las autenticidades, talentos, particularidades, sexualidades y
certezas de todo tipo de las personas, algunas arrastradas al punto de la
desesperación, he sido testigo. Históricamente los padres han asesinado
voluntades, a veces a fuego lento, a veces perversamente, a veces sin intención,
y a veces sin querer queriendo, qué más da para el caso, si me detengo mucho a
analizar los porqué de estxs madres y padres me estaría desviando de lo que
realmente me parece grave: ¿qué destino tiene esto en la mentalidad que
desarrollan los hijos?. Sobra aclarar que estoy nombrando situaciones de las más
cotidianas y que requieran el menor lujo de detalles, si intentara ser
minuciosa no termino más.
La familia no es un hecho concreto ni tiene un valor
adquirido, es mejor una construcción, que puede o no ser amorosa. Mientras en
las noticias madres entregan sexualmente sus niñxs, maridos golpean y asesinan
a diario a sus esposas, hijos de todos los colores y edades son denigrados de
todas formas como forma de vida, o niñas y niños son sobrevaluados ante los
ojos del mundo y criados como pichones de déspotas hay una sociedad que,
estoica, defiende a toda costa el formato de familia tipo como única concepción
de la felicidad, los “valores” y la crianza aceptable. Siento que mi generación
debe ser un punto histórico de inflexión, que divida a los que te decían: “No
puede ser, si tu papá es un verdadero señor” y los que te dicen: “Mi nenx no!,
imposible, si es unx angelitx!.
Las familias somos un talismán de suerte loca y variante,
pero no somos precisamente el apoyo incondicional, no somos precisamente los
que mejor sabemos cuándo y cómo hacer las cosas. A eso, nos guste o no, solo lo
puede saber cada individuo.
Ayudaría empezar a poner en duda las apariencias, los
apellidos, las actividades honorarias, las cuentas bancarias, y ahondar en la
búsqueda de las merecidas condenas sociales, además de las judiciales. Salirnos
un poco del sistema de ridículas castas –antiguas pero también las modernas, en
las que cada quien cumple un rol asignado- y empezar a encontrar la valía de la
unicidad de las personas en su esplendor. Desmitificar que los roles asignados
desde el seno del hogar sea la única posibilidad puede ser muy útil para
algunas personas.
Quizá me comprendas, yo ando en busca de amor, y en esa
búsqueda llegué hasta mi misma como infinito punto de partida y recién a mis 40
años, y les puedo asegurar que si hubiera visto luz en este camino hubiera
hecho el intento de transmitirlo mucho tiempo antes, sin victimizaciones, ni
pidiendo por favor un poco de comprensión o de sostén, o de credibilidad.
Por eso me animo a este mensaje, que está dirigido a quien
lo puede entender, que ya será algo. Porque si no vinimos a estar bien entonces
vinimos al pedo. Que no te intervengan el bienestar, es una desgracia a veces
combatir con la familia, puede ser devastador, lo es, lo sé. Y también está la
posibilidad de estar bien, a pesar de todo ello. Les deseo a todos la mayor, la
más amorosa, excitante y sensacional de las libertades.
