sábado, 24 de agosto de 2019

La tormenta


Supe anticipadamente de la llegada del tornado, debía esperarse desde la madrugada. Esa noche me tomé el trabajo de limpiar cada centímetro de la casa, especialmente los pisos y los zócalos que se llenaban enseguida de telarañas. Lavé los pocos platos que había usado en el día y esterilicé la cocina a la perfección. Repasé con una franela todos los muebles del dormitorio y puse cada cosa en su lugar matemáticamente. Desinfecté el baño como si fuera un hospital.

Cuando terminé me di una ducha durante  un buen rato. Lavé mi pelo que por entonces me llegaba a la cintura y aproveché para que la lluvia caliente me calmara los puntazos en la espalda. Me limpié la cara con un cepillo y jabón, después usé un tónico y una crema hidratante. Me sequé el pelo, remarqué mis bucles con la tijera caliente y me acosté a dormir, para esa altura ya era aproximadamente las 1:30 am y me costó muchísimo conciliar el sueño.

Tres o cuatro horas más tarde me levanté; me apresaba una ansiedad quieta y muda, y me sentía de buen humor. Los horarios del tornado seguían siendo inciertos, los diarios y las redes sociales hablaban de otras cosas, aún cuando los    indicios de su proximidad ya eran evidentes, o tal vez era yo que en el fondo no podía dejar de pensar. Aunque no estaba asustada encendí todas las luces de la casa, creo que hasta me tomé un té, y para estar precavida me maquillé a las cinco en punto. Por cualquier cosa...

Un último repaso, era inminente el desenlace y necesitaba que todo esté impecable y ya sé; puede parecer un esfuerzo vano dado el pronóstico, pero algo en mí se convencía minuto a minuto de que esas paredes sabrían resistir los embates del viento y las lluvias. Que todo lo que volaba y devastaba jardines y destrozaba vehículos unos contra otros eran recursos narrativos en los guiones de cine, que este tornado no era de esos.

 Finalmente la tormenta se presentó. Fue justo a la mitad de la mañana.

Ya con las primeras brisas las puertas y ventanas se abrían y cerraban como locas, dejando pasar todo tipo de objetos ajenos a la casa, muebles propios y ajenos, pequeños adornos que se estrellaban contra los pisos y las paredes dejaban su estela de polvo, yo trataba de sostenerlas, probé poniendo sillas contra las puertas, barricadas pobres que, de ninguna manera, resultaron efectivas, es que llovía muy fuerte. Y era como que también llovía adentro de la tormenta, porque no importa adonde me refugiara las gotas me golpeaban en la cara como agujas gruesas y afiladas, y adentro de los ojos el dolor era indescriptible, espantoso. Yo corría por todo el lugar remendando roturas. Así fué durante días y dias, muchos de ellos sin atisbos de sol. Fué una locura. En cada descanso de la lluvia con abanicos hechos con tablas oreaba las paredes, porque se agrietaban rápidamente. Esas paredes que con mis propias manos construí durante más de una decena de años, ahora eran jirones de un pastiche blanco que se derretían entre en toallas y trapos como arena húmeda.

Sentía que nunca alcanzaba mi ingenio para ir resolviendo las problemáticas que surgían a cada segundo. Los pocos ratos en que parecía aflojar yo  aprovechaba para descansar un poco, algunas veces me cambié de ropa, o simplemente me sentaba un rato buscando silencio, silencio en  mi cabeza, pero descubría que las formas de su destrucción eran inagotables. A veces descubría que cantaba en mi cabeza, o repasaba el poema de Vinicius que se llama Ausencia, o tenía conversaciones pendientes con personas que hacía mucho no veía, pero silencio ya no hubo nunca. Y para ser sincera aquellos momentos fueron muy poquitos.

Comencé a interpretar hechos entonces -por poner algún ejemplo- que afuera debían haber intervenido las rutas de acceso, pero no lo entendía por lógica, sino recién cuando me daba cuenta de que habían pasado ya meses sin que viera o hablara con gente. O que hacía varios días que me alimentaba con porquerías, porque mi cuerpo se inflaba como un globo. La desolación se apoderaba de mí.

De alguna manera la tormenta había matado salvajemente mi fé, y digo salvajemente por lo repentino e ineludible. Todas las inquietudes que alguna vez había creído satisfechas volvieron a foja cero, interpelándome, pero más astutamente poniendo en jaque las  mentiras  de un Dios. Así que el tornado terminó con mi Dios también.

Mis manos no alcanzaban, era demasiado, había intentado remendar los daños pero tenía el cuerpo cansado, y me costaba razonar. La observadora en mí opinaba que su mera existencia era la lucidez, y me aferré a ella, dependí de ella como de la teta de una madre.

Un día decidí rendirme, me senté en una esquina a llorar a gritos, pero no pude hacer eso tampoco, así que me quedé sentada sin hacer nada, mientras la actividad destructiva seguía su curso natural como si yo nunca hubiera estado allí. En pocos ratos todo se redujo a nada.

En algún momento, creo que fue una mañana nueva, pude ver tras los muros caídos el baile de las columnas de humo cuando se apagan los fuegos. Eran suaves y ondulaban dibujando personajes de gris. Levanté mi cuello x primera vez en muchos días, muy despacito porque me dolía, y también para mirar fijamente la claridad anaranjada entre las brasas que iluminaba el sol que se asomaba sobrio.

Distinguí que ciertas facultades nuevas se revelaban en mi, físicas, mentales y espirituales, y un registro sensacional de absolutamente todo.

Descubrí que la ausencia de los muros dejaba correr un aire sano que se me colaba en la frente. Y con mis otros ojos pude ver que mis cicatrices dibujaban runas de buenos augurios, y de fortaleza. Los silencios zumbantes e interminables después de cada explosión. El musgo de las paredes cuando baja el agua. Los yuyos creciendo a brazadas entre los escombros, que salpican de verde el gris.  Los primeros sonidos que reconocí humanos una vez que las grandes masas migraron. La apreciación de mi propio mutismo y mi soledad, el nacimiento de mi propio Dios.

Hoy se cumplen exactamente nueve años de esto que cuento. Le llamé Esmeralda.

viernes, 22 de febrero de 2019

El viaje

Veo toda la secuencia desde el segundo cero; el colectivo arranca a doblar desde Callao para Santa Fe y el chofer se manda una puteada épica a alguien que se atravesó, por eso lo miramos todxs al tipo. Pero una mina que viaja enfrente mío se cuelga de la ventana, con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos bien abiertos como si hubiera visto a los reyes Magos: "Eh, Tano! Sos vos?" le grita. Les sirve el embotellamiento de la esquina y se quedan mirando los dos. Él tipo, el Tano, -el que el chofer puteó- que ya llegaba con el envión al quiosco de la esquina, se empieza a volver con el cogote torcido para mirarla,  se acerca calladito y a paso rápido y se clava justo debajo de la ventana de la chica. Bah, no es una chica, una mina grande. "Eyyyyy! Qué hacés?", le dice re suavecito.  "¡¿Sos vos?!" le pregunta de nuevo la mina, y se ríen mientras los autos se preparan a retomar su marcha. A él casi que dejo de escucharlo al toque porque atrás mío, pegadas a mi espalda, hay dos viejas que se ríen como cacatúas. Pero a la historieta no me la pierdo, si total que más tengo que hacer todavía me queda como una hora de viaje: ella sigue asomada y ahora ya le extiende una mano, él la agarra con las dos suyas re cariñosos los dos y charlan un cachito. Mas vale que solo de parte de ella pero lo mas concreto que escucho son frases aisladas y comunes: "más de veinte años", "¿México?", "los pibes", "Saavedra", y ya se acaba el tiempo. Retomamos marcha, el tipo de la vereda grita algo que nadie entiende excepto una vieja que estaba al lado re metiche -pero útil- que le agarra el brazo a la piba y se lo sacude al grito de: "Dice que no se acuerda tu apellido!, tu apellido! decile el apellido!..." Ella le grita el nombre completo y lo último que veo antes de terminar de doblar la esquina es la cara de él golpeando su frente con gracia, como admitiendo una torpeza, o un olvido incomprensible.

Con el bondi ya a marcha normal la mina se vuelve a su lugar con todos los dientes asomando de la contentura, yo creo que hasta un poco de vergüenza siente porque  mas vale, la estamos mirando toda una sarta de chusmxs que le sonreímos también, se sentirá observada. En fin, me pone de buen humor, hay que estar en esos detalles, los de cosas lindas, sino te querés matar.  Trasca hace un calor impresionante, y me puse pantalón porque sabía que tenía que caminar toda la mañana, si llego a ir de short o pollera las gambas me quedan hechas pomada y ahora estoy mas o menos tranquila, pero en un momento creí que me iba a morir de calor. Yo no sé si será porque no se puede dejar de reír, o qué catzo, pero yo no puedo dejar de mirarla a la mina esta, ella apoya la cabeza contra el vidrio de la ventanilla y ni siquiera los sacudones de las frenadas re violentas del chofer la sacan del recuerdo en el que se sube a viajar. Se me ocurre que si lo que piensa tuviera sonido diría algo así:

"Yo quiero hablarte, pero hablando soy de madera, por eso te pienso. Quiero disfrutar contarte cosas obviando la formalidad, y la corrección. Porque la pátina de frialdad y distancia no me alcanzan, por más polos que nos llovieron encima, por más milenios que atravesamos en silencio. Será que suelo escribir sobre asuntos más oscuros, que el lenguaje amoroso me queda tan ridículo, por eso trato de evitarlo, pero esta vez necesito destilar un poco.
Tal vez me comprenderás, si te han quedado caminos en pié para revivir esos besos inmensos y despacitos que nos dábamos en tu habitación. Recuerdo especialmente cuando sin querer queriendo decidimos blanquear con tu viejos que había una intrusa allí escondida. Para mí pensaba: "¡deciles que se vayan habituando!" o algo así, porque por esos días nada en mi mundo era más sabroso que enlazarme a tu cuerpo entero y respirarte desde muy cerquita. Era verano, ahora que lo pienso, y me pregunto ¿¡no habré sentido calor!?... Seguro el calor en aquella época era más gentil que esta versión infernal del 2019, o sería que los  fuegos que se me encendían hicieron que ese año el calor se quejara de mí, y no al revés."  

Mira el celular, el mío justo empieza a llover sonidos así que seguro que será que se hizo efectivo el pago de hoy a la mañana. No me banco andar sin teléfono, pero la verdad este mes fué una locura y no llegaba nunca a juntar la plata para la factura. Hoy si, porque del primero de mis chicos yo cobro una asignación, en general a esa plata la uso para pagar el monotributo (que me permite cobrar esa asignación, parece un chiste de hamsters, ya sé), pero esta vez me vino bomba porque estaba al horno con papas. Ya veré como deposito este mes, por ahí si sale bien lo de la ropa... Con no endeudarme mas yo ya estoy. Todos mensajes de mi suegra, mas vale, cuando es ella la que cuida los chicos yo tengo doble laburo: hacer lo que tenga que hacer, y cuidar a los chicos por control remoto porque no hace nada más que romperme las pelotas para todo. Desde que me no puedo pagar la niñera y le tengo que pedir favores parece que perdió todas las habilidades de abuela práctica, yo creo que me lo hace de gusto. Yo agradezco la mano, pero mamita querida, ¡dejame de joder! Hasta hace unos meses los días muy pesados como hoy le pagaba unos mangos a Belén, a ella le viene bien porque es estudiante, buenaza Belén. Ahora nos visita siempre pero no me da el corazón para pedirle que se quede por tan poca plata que puedo pagarle.  También me encuentro un audio de Carolina, no puede recibirme porque tiene que salir de urgencia. Miro los dos bolsones de ropa que cargo desde las tres de la tarde con ropa que compro en Ramos para revender a domicilio y me dan ganas de tirarlos a la mierda, es la segunda vez que Carolina me hace lo mismo. Tenés que ser hija de puta.  La compra nunca es verdaderamente al pedo, es una inversión, tal vez me pueda esperar mañana, o tal vez si Rosario está sola, que vive ahí a un par de cuadras... no es lo que mas me divierte, porque el novio de Rosario es un desagradable y yo no le caigo bien a él tampoco, así que si él está somos un muestrario de caras de ogt todxs, porque a ella le caigo bien pero la tensión se corta con tijera. Igual si están puedo hacer tiempo ahí hasta que Carolina resuelva su "emergencia". En realidad en el fondo yo sé que la tal emergencia es un chamuyo, que no me quiere comprar nada, pero eso no se hace y menos si sabe que al kiosco lo cerramos y que andamos los dos buscando changas todo el día. Ma sí que se joda, la llamo y la presiono, en última me tomo un café por ahí que no como nada desde las diez de la mañana. Les escribo a las dos: a Carolina "No te hagas problema Caro! de todas maneras yo ya estoy por tu casa y me tomo un cafecito con una amiga, avisame cuando vuelvas que me doy una vuelta, total los chicxs están en lo de suegra, y Gabi está con sus amigos -emoji con anteojos de estrellitas, corazones varios, send-; y a Rosario: "Gorda, estás en casita? Estoy en el barrio, chiflame que te ando con la ropa pero además te quiero dar un beso!". Ese a secas nomás, ya con lo de darle un beso me había pasado de rosca, no nos queremos para tanto.

La mujer del encuentro chequea el celular por décima vez, un gesto de trompa caída se le instaló en la cara. A mí me da como lástima por momentos. No sé porqué. ¿Estará muy sola? Parece solitaria, pero solitaria no es lo mismo que sola. Además que me meto a sentir lástima justo yo que últimamente no emboco una. Pero sola no estoy eso sí. El cole ya se va vaciando, ta linda la ciudad porque hay poca gente. Ella se estira en el asiento y abraza su mochila con la cabeza derretida en el respaldo del asiento, sigue contando:

"Cuando nos separábamos yo cerraba los ojos y todavía podía mirarte, tus ojos decían de todo, no necesariamente lindo, pero me gustaba tu franqueza. Decían de todo, por eso te miraba todo el día con mi superpoder de enamorada, te quería todo el tiempo porque me hacías bien.

Con vos yo descansé de ser la bruja fea del Trencito Infeliz, vos tomabas de mí las verdades también y hacías de eso algo bueno, o al menos eso se sentía desde mí. Habrás esperado que cambie unas cuantas cosas, pero yo nunca supe disfrazarme, a esto lo supongo, porque en esos momentos nada era claro o intelectual para mí, a duras penas interpreto este repaso. No sé bien que te conté y que no, pero ya para esa época llevaba ya mas de dos décadas pidiendo perdón por nacer, y escondía tormentas hasta en las orejas porque pensaba que esconderme era lo mejor que podía hacer. Sin embargo durante el tiempo que nos quisimos fuí una mujer que pisaba sin apuros porque sabía adonde caería a lavar de mi frente las huellas de lava y el hollín de la planta de mis pies. Sentía que todos los artificios eran innecesarios, y mis torbellinos de calidez se podían desvelar con la letra de una canción que fuera de amor."

No te lo puedo creer,¿¡cerraron el kiosco de Héctor también!?, ¿o será que lo refaccionan?, no parece, porque hasta carteles tienen las chapas, y carteles ya viejos. Alto kiosco ese, tenía mesas de pool y se comían unos choris de la puta madre. Si me habré mandado cagadas ahí, hermosas, ¡las mejores!. ¡Ahí conocí a Gabi sin ir más lejos. Me acuerdo que fue completamente técnico, "Hola/Hola", "Qué linda/ Vos también", "¿Vamos?/¡Vamos!". Hasta el día de hoy me pasa que si lo veo llegar algo en todo el aire que trae (y es mucho aire, eh? tiene unos 20 kilos arriba) me emociona, a veces me escondo para pucherear! A él no le cuento, es tan seguro que no me conviene darle mas motivos para agrandarse, y es una de las cosas que más me han gustado siempre de él. Nunca más me separé, bueno, si, él sí. Aquella vez que la madre trabajó durante meses pico y pala para que se reencuentre con la ex, una pseudo cheta de San Telmo que estaba obsesionada con ser vedette. Iba a todas las academias que abrían lxs famosxs a ver si enganchaba de alguna manera; la verdad es que aptitudes no tenía y amigxs de verdad aparentemente tampoco porque entonces le hubieran dicho que era demasiado patadura, y que por más culo que criara (eso sí le reconozco, era impresionante) iba a poder disimular eso. Gabi la vio un par de veces, yo creo que él tenía buena intención con ella, pero estaba enamorado  de mí y ya sobre eso no podía hacer mucho así que volvió enseguida. Yo no me enojé, ni siquiera me puse nerviosa o triste, bah, un poco triste sí, pero peor hubiese sido que se quedara con la duda. O con las ganas. Ahora sí si me llego a enterar de que anda con alguna le rompo todos los huesos, no le quedan ni las ganas de hacerse el dragón, pero no lo veo con mucha pasta de pillo ya, anda cansado el gordo. Hemos pasado de todo pero después con ese mismo todo se construye, se disfruta, se odia a veces, se rema, bah. Yo remo como loca, a Gabriel le es mas fácil porque yo soy mas paciente, pero él, madre de Dios, si se te retoba te lo fumás con cara de ojete hasta que consiga lo que quiere. Es bueno, y tenemos buen sexo igual que el primer día. Me pregunto si a la chica del bondi y al hombre ese les habrá pasado algo así porque yo estoy segura de que amigos solamente no fueron. Le busco en la cara algún gesto que hable, ahora mira el vacío como diciendo:

"Tenías dos hermanas, una camisa blanca, una cruz en el pecho, manos movedizas y muchos cigarrillos. Sonrisa de mucha luz con un diente chueco, gran habilidad para el dibujo, un montón de lindos amigos, ojos de un color claro indefinible, un par de hombros preciosos y la voz gastada. Tenías un talento especial para tomarme de la mano y un párrafo aparte para portar jeans. Y también tenías otros planes.
Todavía cuando me acuerdo no comprendo cómo no supe verlo, hasta ganas de contarte de todo, y pedirte disculpas me dan! Te puteé tanto que la banda que también esperaba el 152 a la salida de NYC me aplaudió. "No te voy a extrañar", me dijiste, y te fuiste a Gessel al día siguiente. En tus bolsillos te llevaste un arsenal de pases gratis que yo había acumulado para el parque de atracciones que era tu persona. Y yo quedé sola, pasmada, como la niña que fueron a abandonar en la entrada del Tren Fantasma.

Después trataste de encarpetar todo, reapareciste con trabajo y estilos nuevos, pero yo  todavía no sabía comunicarme, y en equipo con todas mis inseguridades todavía dábamos vueltas en redondo. Fui incapaz de aislar los olores nauseabundos que la distancia y el silencio habían aprovechado para colar en nuestro jardín bonito. Yo había vuelto al tren infeliz, y vos estabas demasiado guapo para aprender a subir."

La mujer sale de su ensimismamiento y me clava un par de ojos oscuros en mi mirada atenta. ¡Que susto! No sé como hacerme la boluda, me da mucha vergüenza, tanta que en el mismo minuto chusmeé el celular, saqué dos remeritas de los bolsones para medirlas (¿?), me controlé la pintura de las uñas (sin sorpresas, todas descascaradas en mayor o menor medida), y me acomodé doce veces los breteles del corpiño para que no se vean debajo de la musculosa. Ahora ella me observa a mí, pobre, si esta sensación de estar invadida por completo es lo que le vengo haciendo sentir entonces que me disculpe. Le sonrío, ella me devuelve la sonrisa. Me sorprendió, la verdad.

"Ahora voy en el colectivo, todavía conservo la sensación atónita de haberte visto, y tocado tus manos, una calidez igual conocida que inesperada. No he pensado demasiado en vos estos años, pero hoy ha fluido en mí un río tibio de sensaciones agradables, con ramajes de palabras no dichas, con los destellos de los besos no dados, e igualmente bello. He querido saber de vos, pero tanto ha sido el tiempo que también yo había olvidado tu apellido, de hecho todavía no lo recuerdo. Vos sí ya sabés el mío, y debo reconocer la ilusión que me produce ver llegar una notificación a tu nombre. Viajando este ocaso infernal del verano porteño, cuando todas las luces empiezan a encenderse imparables y corren así los naranjas y fucsias de los techos para coparlo todo yo sé que, si me quedo muy quieta y cierro los ojos, si ignoro a la mujer de las bolsas que me mira fijo, si detengo los ruidos y los minutos y solo me concentro en el vaivén del bondi, y conservo esa calidez de tus manos entonces puedo llegar un rato vívido a los días de quererte. Sin necesitar cambios en los libros de esta historia, sin pedir ninguna explicación, solo  suspenderme y saber que allí estuve con vos, siendo feliz y siendo de verdad por un rato, que es mucho."

La chica/mujer (¿qué serán?, unos cuarenta años, hoy día a los 40 sos una piba) sonríe plácidamente. Le devuelvo la privacidad un ratito, además el llamado de Carolina me saca de la burbuja. Otra vez me cambiaron el ringtone, los voy a cagar a pedos, y al pedo también, si hacen lo que quieren porque saben que en el fondo yo también me divierto con estas pavadas. "Auxilio, me desmayo, cállese viejo lesbiano" canta un robot en mi celu, que anda perdido en uno de los bolsones de ropa. Pero ma sí, que me miren, he estado peor parada en varias ocasiones. Atiendo a los gritos de gusto, para molestar. "Cariiitooooooo... qué hacés lindaaa???... Ah joya, yo a unas diez cuadras... Ah!, si, no, al café me lo tomé y me vine a venderle a otra chica que justo me llamó... dale, dale, si igual estaba yendo para lo de Rosario que me queda ahí de toque, paso primero por tu casa... Joyaaaaa... Ahí te veo amiguiiiiiiii... Mua mua..." Corto. Al final la tal Carito se portó bien, ya me parecía, qué boluda yo, si sé que ella sabe bien en la que andamos estos meses. Con dos o tres pavaditas que se quede ya me sirve, mañana mando a la lista de difusión del guasap y seguro sale algo más. Tranqui, vamos bien. Vamos bien. Estas son las cosas que tengo que aprender, soy una emprendedora, estoy creciendo. Estoy aprendiendo. Yo puedo manejarlo. 

Vuelvo la vista a la mujer, que se levanta y camina hasta el fondo a pedir parada. Se da vuelta y me mira fijo, esta vez sonríe. "Chau, suerte", me dice, y le contesto que igualmente justo al mismo tiempo que le llega un mensaje en el celular, se escuchó clarito, además lo lleva en la mano y hasta vi la pantalla encenderse. Ella se apura a bajar y la pierdo de vista mirando el teléfono, parada en la vereda. Llegué a ver cómo se clavaba en su rostro la misma risa con que la ví por primera vez, unos treinta minutos atrás. El colectivo acelera su marcha, y justo Rosario me avisa que está con algunas amigas si no quiero llevar la ropa, así que no pierdo mas tiempo, me pongo a ordenar las remeras por talle y color. Si las amigas son las de la facultad es un gol de media cancha porque son todas medio chetas. Quién te dice no sea hoy el día que le cuente a Gaby que explotaron las ventas, que aunque esté rota de cansancio invitemos a los chicos un heladito, o una coca en el bar de a la vuelta, total son vacaciones, que se duerman un rato más tarde. La hago, de una. No veo la hora de verles las caras.

jueves, 10 de mayo de 2018

Sobre el concepto de familia


El tema de las familias necesita un reset, se siente cruel a veces el mensaje generalizado de cuales son los roles de las familias. Si, claro que naturalmente hay pasos a seguir, normas que plantear, expectativas que colmar si has sido madre o padre, si te tocó tener hermanxs, o sobrinxs, o primxs. Sin embargo en la sobredosis de comunicaciones en la que vivimos inmersxs se me ocurre que los conjuntos sociales más modernos debieran ser también más generosos y sinceros con la concepción del término “familia”, es imposible pretender que ignoramos algunos datos, o que esos datos son mentirosos. 


Aún desconociendo cifras concretas, sin ponerme muy estricta sobre esto  y guiándome apenas con los datos colectados de personas conocidas a lo largo de mis 41 años de vida puedo asegurar: que históricamente los perpetradores de los abusos de niñas y niños han sido hombres padres/abuelos/tíos de familia que han contado con el manto protector de madres/abuelas/tías/hermanas. Históricamente madres y padres han sido verdugos de las autenticidades, talentos, particularidades, sexualidades y certezas de todo tipo de las personas, algunas arrastradas al punto de la desesperación, he sido testigo. Históricamente los padres han asesinado voluntades, a veces a fuego lento, a veces perversamente, a veces sin intención, y a veces sin querer queriendo, qué más da para el caso, si me detengo mucho a analizar los porqué de estxs madres y padres me estaría desviando de lo que realmente me parece grave: ¿qué destino tiene esto en la mentalidad que desarrollan los hijos?. Sobra aclarar que estoy nombrando situaciones de las más cotidianas y que requieran el menor lujo de detalles, si intentara ser minuciosa no termino más.


La familia no es un hecho concreto ni tiene un valor adquirido, es mejor una construcción, que puede o no ser amorosa. Mientras en las noticias madres entregan sexualmente sus niñxs, maridos golpean y asesinan a diario a sus esposas, hijos de todos los colores y edades son denigrados de todas formas como forma de vida, o niñas y niños son sobrevaluados ante los ojos del mundo y criados como pichones de déspotas hay una sociedad que, estoica, defiende a toda costa el formato de familia tipo como única concepción de la felicidad, los “valores” y la crianza aceptable. Siento que mi generación debe ser un punto histórico de inflexión, que divida a los que te decían: “No puede ser, si tu papá es un verdadero señor” y los que te dicen: “Mi nenx no!, imposible, si es unx angelitx!.

Las familias somos un talismán de suerte loca y variante, pero no somos precisamente el apoyo incondicional, no somos precisamente los que mejor sabemos cuándo y cómo hacer las cosas. A eso, nos guste o no, solo lo puede saber cada individuo. 


Ayudaría empezar a poner en duda las apariencias, los apellidos, las actividades honorarias, las cuentas bancarias, y ahondar en la búsqueda de las merecidas condenas sociales, además de las judiciales. Salirnos un poco del sistema de ridículas castas –antiguas pero también las modernas, en las que cada quien cumple un rol asignado- y empezar a encontrar la valía de la unicidad de las personas en su esplendor. Desmitificar que los roles asignados desde el seno del hogar sea la única posibilidad puede ser muy útil para algunas personas. 


Quizá me comprendas, yo ando en busca de amor, y en esa búsqueda llegué hasta mi misma como infinito punto de partida y recién a mis 40 años, y les puedo asegurar que si hubiera visto luz en este camino hubiera hecho el intento de transmitirlo mucho tiempo antes, sin victimizaciones, ni pidiendo por favor un poco de comprensión o de sostén, o de credibilidad. 


Por eso me animo a este mensaje, que está dirigido a quien lo puede entender, que ya será algo. Porque si no vinimos a estar bien entonces vinimos al pedo. Que no te intervengan el bienestar, es una desgracia a veces combatir con la familia, puede ser devastador, lo es, lo sé. Y también está la posibilidad de estar bien, a pesar de todo ello. Les deseo a todos la mayor, la más amorosa, excitante y sensacional de las libertades.

viernes, 4 de mayo de 2018

Alberdi y Julio A. Roca



Qué lindas eran, desde aquel rincón, todas las horas del día.

Aquellas mañanas en que la casa contradecía todos los pronósticos silenciosos del alba volviéndose loca. Y era un catálogo de corridas y charlas torpes, mientras chicos y grandes se envalentonaban estrenando jornada, y hasta el patio se perfumaba de café con leche.

La siesta del sol fatal, que hacía cualquier cortina obsoleta, colándose de a tiras finas y rayando el piso de filos amarillo claro. De a ratos el silencio del barrio se tajeaba con moto desquiciada, o una charla pasajera de vecinos, y en seguida volvía la Calma Reina, incluso los perros la respetaban.

Con el primer instante de la hora mágica llegaban el amor y las caricias. Una coincidencia afortunada de horarios. Un momento de silencio y el acuerdo tácito, de dos, que prohibía la luz eléctrica hasta que el tinte rosa del cielo se desprendiera de las paredes, y los muebles, y los techos; de todo lo que hubiera tocado. 

El lugar de una vida, su lugar. En el que fue plena, con la luz de sus lunas y sus soles. Bendita por esos vientos.


DE LA MUESTRA "VENTANAS DE GUALEGUAY".

miércoles, 19 de abril de 2017

Sinvergüenza

                                                      
Primero lo primero: me siento afortunada. Nunca debí denunciar ninguna rasgadura, o rotura de tejidos, ni de órganos. No me lastimaron, aun estoy viva y pude ser madre porque mi cuerpo estuvo sano. Mis heridas han sido impalpables, y he lidiado con ellas lo suficiente, espero, como para llamar a mi desarrollo “razonable a las circunstancias”.

Hecha la aclaración trataré de relatar lo más fielmente posible algunos hechos que me han hecho quien soy. Me disculpo anticipadamente por la falta de precisión en lo que respecta a las edades y momentos en el tiempo. Aquellas épocas para mi son una pelota pegajosa e indivisible. Sospecho, atándome a algunos datos, que esto sucedió a mis 13 años.

A mis 13, 14 o 15 años yo era una chica muy expresiva, estaba desbordada, y lidiaba con algunas situaciones que no sirve de nada descubrir acá. Tomaba, porque estaba desbordada, tomaba porque no sabía como hacer ni sabía cuanto era el daño que me hacía. Esto parecía causarle gracia a mucha gente, entonces en los boliches tomaba mas. Después volvía a mi casa -me acuerdo que Carucha, linda persona que tengo bien presente, se ocupaba de que llegara a salvo-. Una vez allí dormía, horas y horas, comía algo y ya empezaba nuevo día, imaginando que las cosas sí serían color rosa algún día. Me importaba conocer gente con la que sentirme normal, ir a recitales, hacer viajes, visitar amigos, ser una actriz famosa, enamorarme, comprar discos y traducir las letras, algún libro, y cada tanto agarraba las cajas de cuatro o cinco adminículos de Pin y Pon y montaba escenas en miniatura como si todavía fuera una nena, cosas así… Era desfachatada, torpe, grosera a veces. Graciosa, creo, atrevida, creativa.

Una fiesta de la primavera, festejando el día del estudiante en un boliche por la mañana, una vez mas, me pasé de copas. Mis amigas resolvieron ayudarme a salir del lugar para recuperarme antes de volver a casa, para esto requirieron la ayuda de dos o tres conocidos mayores de confianza (viviendo en una ciudad chica esto es tarea sencilla). Uno de ellos, especialmente conocido por su vínculo estrecho con personas muy cercanas a mi, se ofreció de escolta mientras todas volvían a la fiesta hasta que me recuperara.

Me acompañaron todos a una casa de un conocido donde podría descansar. En medio de mi mareo solo podía percibir que estaba acostada en una cama, que me sentía muy tranquila y muy cómoda, que pensaba dormir un siestón de aquellos hasta que las chicas volvieran a buscarme, y también sentía la voz muy cercana de este hombre que tranquilizaba el murmullo de consultas de mis amigas. Recuerdo especialmente el énfasis en su tono campechano diciendo cosas del estilo: “Pero siii, andá tranquila”, o “No me cuesta nada, si es un rato ya se va a poner bien”.  Insisto en la falta de precisión, solo puedo ser exacta en lo que sentí.

Una vez en silencio (soledad) recuerdo dormirme involuntariamente y a cada parpadeo que intenté, él estaba sentado junto a mi mirándome. Sé que me hablaba, no recuerdo de qué. Se acercó a mi lentamente y empezó por darme besos en el cuello, creo que me había inmovilizado los brazos, primero con suavidad y después no. Nunca me golpeó, tampoco me violentó. Mi condición de embriaguez me impidió defenderme en absoluto.Yo llevaba puesto un jean ancho y una musculosa amarilla, eso lo recuerdo bien.

Enseguida estaba todo encima de mí, con todo su cuerpo, las manos ya presionando mis brazos contra la cama. Era un hombre fortachón y altísimo, y yo una preadolescente muy flaquita y, voy a insistir; estaba destartalada, por lo tanto con la sola presión de su torso bastó para que no pudiera mas que decir “No”. No, y “No, pará, pará…”

Me chupó el cuello un buen rato, recuerdo la sensación de asco y ganas de vomitar. Me tocó todo el cuerpo enfervorizado y me decía que “Si! Me gustas mucho. Me gustás porque sos libre Paulita, vos sos libre Paulita hermosa”. Yo pateaba como podía, porque las piernas sí las tenía libres, pero no recuerdo darle al blanco. En un momento me dí cuenta de que me apoyaba su pene húmedo y blando, sobre la pierna y lo fregaba. He retirado de este relato los detalles que siguieron, ya que sigo sintiendo que si lo hago me estoy justificando. Vale decir que no podía respirar, y pensaba constantemente que si mi papá se enteraba de esto no solo me iba a ligar otra paliza; además no me dejarían salir a la calle otra vez en la vida entera!, y sentí vergüenza, mucha vergüenza.

En ese preciso momento mis amigas entraron, no se cuanto tiempo pasó hasta que las oí, esta vez claramente. Él se compuso a toda velocidad y las recibió con toda su impronta pueblerina de nuevo. Del bicho asqueroso que había sido apenas segundos atrás no había rastros, al menos eso me pareció a mi en aquel momento.

La vergüenza de la que hablé mas arriba me persiguió durante décadas de mi vida. Igualmente una concepción de mi libertad y de mi sexualidad completamente distorsionada. Comenzó con desbordes incomprensibles, el terror a reconocer mi cuerpo como algo bonito, lo mismo mi sexo y mas aún el sexo de los demás. Tampoco las personas fueron lo mismo para mí, en el fondo eran todos la misma bestia que me presionaba el pecho en aquella cama y me refregaba su flacidez llena de  semen en  mi pierna adolescente.

Callé durante décadas lo que el cuerpo me pedía que gritara. ¡Es que me lo había “olvidado"! Sabía que algo andaba mal, sabía que algo desoía y que debía llorar una angustia, pero no recordé por mucho tiempo cual era. Durante todo ese tiempo me volví la basura que él me demandó que fuera ese día. Desde esa tarde mi libertad fue mi peor enemiga. Fui blanco de bromas de hombres y mujeres, incomprendida hasta por mi misma. Lo que cualquier vecina bien de este pueblo TAN “bien” llamaría una “sinvergüenza”.

Volví a ver a ese hombre decenas de veces en la vida, incluído un viaje en ascensor imposible de olvidar. Un tipo muy querido y respetado por muchos, adorado también diría yo. Incluso -una vez admitido el asunto- llegué a increparlo, le escupí palabras sobre sus hijas pequeñas y los tipos como él. Eso pasó en un boliche de Gualeguay.

Ahora ese hijo de la misma mierda está muerto. Hace varios meses ya. Y no hay un solo día que no haya pensado en él. No me alegré, no me angustié, solamente pude preguntarme si habré estado entre sus pensamientos mortales, como él se ha inmortalizado en los míos tan sencilla y cruelmente.

Han pasado mas de 25 años de este episodio que cuento. Es decir que hace 15 mas o menos me he pasado dando explicaciones tardías, a ex novios, a pibes que conocí y jamás entendieron mis actitudes, mi frigidez, mi falta de apego, mi promiscuidad en algún momento. Yo tampoco la entendía. Pero ahora si. Y creo que ya me perdoné la borrachera y mi presencia en esa casa ese día.

Y si alguien está por ahí, dudando de sus responsabilidades, yo te quiero decir que no, que no es tu culpa. Que si sos hermosx y que tu libertad es hermosa. Que la uses a tu favor, para denunciar, no importa a quien le moleste, o con quien vayas a quedar mal, denunciar es curarse un poco, hablarlo, escribirlo es sanar un poco para mi mientras pienso en publicar esto. Y si no te da para ir a la policía, hablá con tus viejos, hablá con tus amigxs, ppedí una mano, y si no la ves factible, entonces buscá otra.


Abrazá tu valía, te aseguro que el tiempo perdido es mas pesado que la mano que no te deja defenderte. Bueno, era solo eso, y que te quiero mucho. 

jueves, 29 de octubre de 2015

Lo que no se dice

Otra vez los recuerdos le tajeaban el sueño al amanecer; la lengua puntiaguda y ese aliento podrido que se impregnaba en su cara, los golpes, la mano pesada sobre la molleja, ligándola a un órgano fétido, ácido. Le provocaba nauseas como aquellos días.


Espantaba esas memorias sabiendo que su asco no ganaría las propinas para pagar la cena de la noche o la cuota de la guardería. Queriendo sonreír al menos, y convencida de que ya encontraría palabras ciertas y corteses que contaran a su hijita porque ese día tampoco vería a su papá.

viernes, 22 de mayo de 2015

Una noche

Como todas las noches la mamá dejó la luz de la habitación contigua encendida. Esa sala era un antebaño, había una mesa ovalada, sobre ella una lámpara de cuello alto y turquesa con una luz tenue que había sido adaptada, ya que permanecía encendida toda la noche, todas las noches. Sobre un lado del pasillo, frente a la mesa con la lámpara, una puerta conectaba con el jardín, y del lado de enfrente las dos habitaciones contiguas, una de los padres y otra de los hijos.
Esa sola ceremonia daba comienzo al estrés. Era el anuncio de la debacle, el anticipo del horror. Esa noche no sería la excepción; previo saludo de buenas noches la madre desapareció por la puerta y la cerró un poco, dejando una hendija libre para que entre algo de luz.

En cuanto debió apagarse  el velador comenzaron a sucederse los horrores de todas las noches. Tiburones gigantes de miradas que amenazan. Jesucristos mudos y pálidos con actitud misteriosa y nada cristiana. Fantasmas de mujeres resentidas y desalineadas. Partes de cuerpos asomando del placard y las voces, voces que nunca se dejaban oír, pero siempre se anunciaban en algún silencio expectante. Sería esa la noche?.

Tenía órdenes estrictas de no despertar a nadie esa noche, sin embargo el pánico no le permitió cumplir la premisa. Su llanto ahogado no le dejaba respirar, necesitaba gritar, y un abrazo.

Hizo cálculos milimétricos: la cabecera de su cama coincidía casi exactamente con la mitad de cabecera en la que descansaba su mamá del otro lado, estaban cabeza a cabeza. El que no debía despertarse era él, con él si que no se jode. Pero la chance de llegar a resguardo estaba ahí nomas. Intentó respirar muy profundo para dejar de temblar, tras unos minutos consiguió estabilizar el ritmo y descomprimir algunos músculos de la espalda primero, después brazos y cuello. Era una decisión tomada: iba a hacer el intento. Era eso o morir de un paro cardíaco, o peor, a manos de algún asesino que lograra filtrar la vigilancia de los perros, subir a los techos altísimos y descender por las tuberías hasta llegar a su habitación, nadie mas podría oírlo, solo su oído entrenado, que le marcaría todo el recorrido para ablandar el terreno y, cuando finalmente llegue el asesino, ya estar en agonía por el miedo.

Preparó el nudillo, lo afirmó contra la pared y desde ahí dio inicio: dos golpes cortos y suaves, concisos. No hubo respuesta. Los dos segundos tampoco, ni los terceros. Pero sabía que había una actitud del otro lado, que sabían que estaba en el infierno. Golpeó otra vez: “Mamá”. Nada. “Mamá; tengo miedo!”. Ahora sí respiró con alivio, se oyeron movimientos y…conversación…

Desde allí todo sucedió a una velocidad progresivamente descontrolada. Las dos habitaciones compartían el mismo piso de madera, se pudo sentir con claridad como, desde el lado prohibido de la cama grande se sucedieron dos pasos, tres, cuatro. La puerta del ropero, la del perchero se abrió, con tal furia que los cinturones se chocaron unos contra otros, algún frasco de perfume pudo haber intervenido, los talones se apoyaban violentos en el suelo, parecía que fueran a hundirlo.

Se abrieron las dos puertas con un golpe seco y violento. Y se empezaron a suceder los golpes, primero con el cinturón, repetidos y veloces, después con el puño, después con ambas manos tomó el cuerpo que era de casi la mitad de su tamaño y lo levantaba en el aire para azotarlo contra la cama y volvía a empezar… “La vas a matar!” gritó la mamá, y después de unos cuantos golpes mas se quedó quieto. Tiró el cinturón a un lado y se fue, jadeando y puteando.

No le faltaba razón a la mujer, de alguna manera la había matado.