Otra vez llama Bonifacio...Otra vez!!. Parece que de nuevo hubo sonidos (y mas, también...) extraños, con señales de arañazos como intentos obvios de escapar. Dijo Bonifacio que lo novedoso y único de este episodio fue que hubo espectadores ya que fue al atardecer, unas 5 o 6 horas antes que de costumbre. Que los espectadores incluso protagonizaron escándalos espectaculares, derramando chillidos de terror y moviendo todo el cuerpo en señal de previa panicosa ante la sola idea de estar presenciando una rebelión zombie, alertaron a todos los vecinos, que le avisaban a otros, y que se convocaron atónitos a presenciar el show. Parece que hasta el día siguiente se juntó gente, casi una multitud. Yo no me había enterado...
"Y porqué me llama a mí?" le pregunto -lógicamente- "Es que ELLOS preguntan por usted, la buscan a usted!" me contesta, bastante apático para ser lo que es la situación, "y me estoy cansando ya, me arruinan el nicho, ahora me dejaron la lápida toda marcada de restos de uñas y pedazos de dedos, se ve que están bastante podridos ya. Va a haber que solucionar esta situación, no dan a basto los productos de limpieza, y yo ya estoy podrido también, pero de hacer horas extras, la carne podrida mancha jodido mancha..." Le digo que lo llamo mas tarde, que ahora no sé que decirle y me voy a ver a la psicóloga.
Ya en sesión Gabriela me pregunta -lógicamente- porqué me importa tanto, si esos no son mis muertos, si yo no soy su asesina. Le digo que no me duele tanto el juicio como la hipocresía y que la única culpa que puedo esculpir es la mía, mis miserias, y no la de esos dos. me contesta que eso no responde su pregunta, pero que lo dejemos acá.
Me acuesto a dormir pensando en esto y me levanto pensando en esto, y decidida a tomar alguna medida al respecto. Llamo a Bonifacio, le digo que el problema es usted Bonifacio. Se ofende y con la herencia paisana en su tono me dice que no me permite que no sea atrevida, que debería valorar su oficio y destaca cómo esa misma mañana pagó de su mismo bolsillo por segunda vez el veneno para las ratas y ayer volvió a hacer horas extras, que él es un tipo grande y yo una pendeja atrevida. Le cuento de mis 37 añitos como algo anecdótico y le aclaro; que no se preocupe, que lo voy a indemnizar, pero el problema es que usted esté acá, y de ahora en mas, Bonifacio, a esos muertos los voy a cuidar yo.
La psicóloga me dice que fué una buena decisión.