martes, 29 de abril de 2014

Sobre tontos en tumbas

Otra vez llama Bonifacio...Otra vez!!. Parece que de nuevo hubo sonidos (y mas, también...) extraños, con señales de arañazos como intentos obvios de escapar. Dijo Bonifacio que lo novedoso y único de este episodio fue que hubo espectadores ya que fue al atardecer, unas 5 o 6 horas antes que de costumbre. Que los espectadores incluso protagonizaron escándalos espectaculares, derramando chillidos de terror y moviendo todo el cuerpo en señal de previa panicosa ante la sola idea de estar presenciando una rebelión zombie, alertaron a todos los vecinos, que le avisaban a otros, y que se convocaron atónitos a presenciar el show. Parece que hasta el día siguiente se juntó gente, casi una multitud. Yo no me había enterado...

"Y porqué me llama a mí?" le pregunto -lógicamente- "Es que ELLOS preguntan por usted, la buscan a usted!" me contesta, bastante apático para ser lo que es la situación, "y me estoy cansando ya, me arruinan el nicho, ahora me dejaron la lápida toda marcada de restos de uñas y pedazos de dedos, se ve que están bastante podridos ya. Va a haber que solucionar esta situación, no dan a basto los productos de limpieza, y yo ya estoy podrido también, pero de hacer horas extras, la carne podrida mancha jodido mancha..." Le digo que lo llamo mas tarde, que ahora no sé que decirle y me voy a ver a la psicóloga.


Ya en sesión Gabriela me pregunta -lógicamente- porqué me importa tanto, si esos no son mis muertos, si yo no soy su asesina. Le digo que no me duele tanto el juicio como la hipocresía y que la única culpa que puedo esculpir es la mía, mis miserias, y no la de esos dos. me contesta que eso no responde su pregunta, pero que lo dejemos acá. 


Me acuesto a dormir pensando en esto y me levanto pensando en esto, y decidida a tomar alguna medida al respecto. Llamo a Bonifacio, le digo que el problema es usted Bonifacio. Se ofende y con la herencia paisana en su tono me dice que no me permite que no sea atrevida, que debería valorar su oficio y destaca cómo esa misma mañana pagó de su mismo bolsillo por segunda vez el veneno para las ratas y ayer volvió a hacer horas extras, que él es un tipo grande y yo una pendeja atrevida. Le cuento de mis 37 añitos como algo anecdótico y le aclaro; que no se preocupe, que lo voy a indemnizar, pero el problema es que usted esté acá, y de ahora en mas, Bonifacio, a esos muertos los voy a cuidar yo.


La psicóloga me dice que fué una buena decisión.


2 comentarios:

  1. Primero me imaginè que Bonifacio era un gato y despuès se me fue transformando en un señor calvo, petizo y panzón. Me encanta el clima espectral...Besos!

    ResponderEliminar