jueves, 29 de octubre de 2015

Lo que no se dice

Otra vez los recuerdos le tajeaban el sueño al amanecer; la lengua puntiaguda y ese aliento podrido que se impregnaba en su cara, los golpes, la mano pesada sobre la molleja, ligándola a un órgano fétido, ácido. Le provocaba nauseas como aquellos días.


Espantaba esas memorias sabiendo que su asco no ganaría las propinas para pagar la cena de la noche o la cuota de la guardería. Queriendo sonreír al menos, y convencida de que ya encontraría palabras ciertas y corteses que contaran a su hijita porque ese día tampoco vería a su papá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario