Absorta en un relato real, que ilustra casas con
cosas, diurnas y cotidianas, comentarios que hablan de hogares poblados de
personajes graciosos, algunos de ellos, dramáticos entonces. Esa escritura que
airea los lugares con perfumes de historias y humanos. Noté que el mío también era un día para ser contado. Una mañana de domingo, alguien pintando
una pileta, tomar el sol de las 8 y media mientras se lee un libro, el que conté. Frente a mí la ligustrina de un verde profundo y oxigenado; parece un abrazo, pensé.
Ahora, que hube de refrescarme con un baño corto y
lleno de fragancias, me tiendo en la cama bajo el lento giro del ventilador, el televisor está encendido y, lo que es por nosotros, desamparado. A mi derecha escucho, entre
párrafo y párrafo leídos y como si estuviera a un mundo de distancia, su pequeña
vocecita mutando, según el muñeco que articule, la voz y personaje que sea, su
pequeña vocecita de juegos. Me sorprende cierta genialidad que reside en,
precisamente, conservar no importa qué o como, el factor sorpresa. Detenerse a observar
una piedra preciosa, con cada luz del pulido pensar en su autenticidad, su
crudeza, a veces también en su lugar de origen.
Siempre tengo pensamientos atroces. Ante una despedida por
ejemplo: y si fuera la última vez? Entonces apuro los te quiero, los besos, que
no falten, que quede en claro, que no te lo olvides. No digo que sea sano, digo
que es. Esta vez fue de ese tipo de reacciones, lo que me estaba perdiendo. Sin
bajar el libro o la mirada, sin mutar siquiera la respiración atendí los diálogos
de ese juego. Era su yo actual atentando contra la seguridad de algún
personaje, le iba con amenazas del tipo: Si TU, me hubieras hecho caso,
entonces YO, y seguía… Creo que apenas era la excusa para ensayar el idioma
neutro. Lo llamativo es como, cuando yo quise escuchar, el volumen disminuyó.
Primero pensé que era una casualidad, intenté otra vez; dejé de atender las
letras en el libro y sin moverme escuché a la vocecita. Otra vez, solo que bajó
el volumen y además esta vez también quitó el neutro. Que maravillosa es, pensé.
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