sábado, 11 de enero de 2014

Simple

Como si fuera todo nuevo recorro pasillos, escaleras y habitaciones secretas, rincones soleados y cálidos que fui clausurando, como esos chiquitos que prefieren las puertas todas cerradas para dormir más tranquilos.

Encuentro en estas habitaciones abandonadas la belleza nostálgica de la que fui, las fotos viejas de una familia pequeña y dañada, la crudeza en el encuentro con las verdades que han sido libradas a su suerte; hablan con nitidez y carentes ya de violencia.

A cada paso tropiezo con montañas de convicciones confeccionadas minuciosamente a lo largo de años. Se ven deslucidas; todos esos lazos y ribetes y alforzas, esas puntillas tejidas paciente, consciente, casi religiosamente se ven hoy como montañas de trapos sucios, viejos e inútiles. De esas que se huele desde lejos y hacen picar la nariz.

Quise descartarlas con prolijidad. En un intento de reutilizar quité los hilos rotos, cambié botones, remendé ojales; las he puesto en remojo, vuelto a secar y colgar. Pero no.

Definitivamente no. Quiero dejarlo todo libre. Hoy me quedé solamente con este vestido; simple, lindo, liviano, y fresco. SIMPLE.

Ya tendré tiempo para barrer de a montañas. Quiero ir liviana, elijo esta simpleza. Me perdono el cinismo y las verdades adornadas a mi conveniencia y temores.

Hoy encaro tiburones y me permito con humildad limarle al menos un colmillo.

Hoy prefiero saber que me equivoqué y era tan sencillo como cerrar esas puertas e irme. Tal vez para volver en algún momento, porqué no? Dejar ordenadas las estanterías y abrir todas las puertas y ventanas para que la brisa siga corriendo y llevándose los olores apestosos. 

Yo me quise ir, con una gran sonrisa de agradecimiento y la necesidad (necedad?) imperiosa de creer y querer.

Un adiós simple, y un cagazo terrible, pero SIMPLE.


Y bueno. Te amo.

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