Como si fuera todo nuevo recorro pasillos, escaleras y habitaciones
secretas, rincones soleados y cálidos que fui clausurando, como esos chiquitos
que prefieren las puertas todas cerradas para dormir más tranquilos.
Encuentro en estas habitaciones abandonadas la belleza nostálgica
de la que fui, las fotos viejas de una familia pequeña y dañada, la crudeza en
el encuentro con las verdades que han sido libradas a su suerte; hablan con
nitidez y carentes ya de violencia.
A cada paso tropiezo con montañas de convicciones confeccionadas
minuciosamente a lo largo de años. Se ven deslucidas; todos esos lazos y
ribetes y alforzas, esas puntillas tejidas paciente, consciente, casi
religiosamente se ven hoy como montañas de trapos sucios, viejos e inútiles. De esas que se huele desde lejos y hacen picar la nariz.
Quise descartarlas con prolijidad. En un intento de
reutilizar quité los hilos rotos, cambié botones, remendé ojales; las he
puesto en remojo, vuelto a secar y colgar. Pero no.
Definitivamente no. Quiero dejarlo todo libre. Hoy me quedé
solamente con este vestido; simple, lindo, liviano, y fresco. SIMPLE.
Ya tendré tiempo para barrer de a montañas. Quiero ir liviana, elijo esta simpleza. Me
perdono el cinismo y las verdades adornadas a mi conveniencia y temores.
Hoy encaro tiburones y me permito con humildad limarle al
menos un colmillo.
Hoy prefiero saber que me equivoqué y era tan sencillo como
cerrar esas puertas e irme. Tal vez para volver en algún momento, porqué no? Dejar
ordenadas las estanterías y abrir todas las puertas y ventanas para que la
brisa siga corriendo y llevándose los olores apestosos.
Yo me quise ir, con una gran sonrisa de agradecimiento y la necesidad (necedad?) imperiosa de creer y querer.
Yo me quise ir, con una gran sonrisa de agradecimiento y la necesidad (necedad?) imperiosa de creer y querer.
Un adiós simple, y un cagazo terrible, pero SIMPLE.
Y bueno. Te amo.
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