martes, 10 de septiembre de 2013

Quien fué mi abuelo

10 de febrero de 2011
Para definir al hombre que fue mi abuelo basta con revisar un poco su historia y, a mi criterio, hay dos hechos que lo pintan un poco mas allá de su vida pública y desempeño en lo político; casarse en segundas nupcias a sus 92 años y comprar una computadora para finalmente editar su libro a los 98. Para el primero de estos dos ítems encontró una adorable mujer, Marta, con quien compartió una vida de amor hasta el último de sus días, para el segundo tuve el privilegio de ser elegida y redactar y transcribir sus complicados escritos, acumulados durante décadas, separados en tópicos que abarcaban política, economía, intendencia, ecología, sociedad, etc. Fue así, mas que nada, que conocí a mi abuelo.

Me entregó una serie de carpetas, de hojas amarillentas escritas a máquina un renglón pegado al otro, con correcciones en letra prácticamente ilegible (típica escritura apurada por no perder la idea que se quiere expresar) y yo debía transcribirlas y paralelamente “limpiar” lo que estuviera de más en la redacción. Escribía tal como iba surgiendo cada reflexión en su cabeza por tanto tengo bien presente tener que eliminar, ante la repetición, hojas enteras cuando se enfurecía ante hechos de corrupción o injusticia para con algún trabajador rural, o la mala distribución de la población y las tierras en nuestro país, o el desaprovechamiento de la energía eólica, o la ingratitud hacia cierta porción de inmigrantes, o la falta de oportunidades a  jóvenes profesionales argentinos que debieron partir a buscar suerte a otros países. Citaba autores de las posturas más diversas y hasta que su cuerpo se lo permitió siguió recortando notas de periódicos e informándose para mantener actual su visión del desarrollo político y social. Cabe remarcar que poseía una visión completamente vanguardista sobre todos y cada uno de los temas mencionados.

Si usted lo hubiera visitado, aún en sus últimos días de vida, mi abuelo le hubiera dicho cuando fue la última vez que lo vio, agregando a veces detalles como qué ropa llevaba o de donde venían usted y él el día de aquel último encuentro. A veces se desvelaba pensando si nosotras o alguno de mis primos necesitábamos algo, o corríamos algún tipo de desventura y sentía una pasión por vivir y seguir haciendo cosas dignas de admiración. Ansiaba ver nacer a mi hija y las de mi primo y una vez que nacieron deseaba con fervor llegar al primer cumpleaños.

Era frecuente, algún día que se pronosticara tormenta, que murmurara algún comentario sobre las casitas a la orilla del río, seguidamente se lamentaba no tener ya el cuerpo y el espacio para poder hacer algo. Se indignaba con los hechos diarios de corrupción a tal punto que era necesario en el último tiempo, cuando la salud fue abandonando su cuerpo ya cansado, prohibirle que leyera los diarios, porque  le hacía muy mal.

Mi abuelo detestaba la fanfarroneada de los homenajes, pero sé que el mío, este, no le hubiera molestado, porque supo validarme como persona y como integrante de mi familia y esta comunidad.

Don Roberto, Cacho, Tata para los mas chiquitos, abuelo; Gracias!

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