lunes, 30 de septiembre de 2013

Paisaje de madrugada

Y de repente ahí está para mi; iluminado apenas por una madrugada que bosteza trasnochada, se me ofrece sereno el paisaje, ondulante, suave, me recuerda esas playas desiertas de arenas blancas y marfil espumante en el ribete redondeado de cada duna.

Que privilegiada, pienso, y me dejo consumir por su belleza. Incrédula, con la calma sorpresa de quien recibe un masaje que lo desestructura para volver a conformarlo, con la tranquilidad de quien se enamora de la verdad.


Ahí están para mi, tus cachetitos serenos, soñando quién sabe que canciones o gestos a imitarme. Ahí estas oliendo a vida. El perfume de mi vida, hija.

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