Que sea nuevo, en todos los casos. Contar el cuento en que
las palabras saltan de su lugar. Un poema a mi misma. Un legado venenoso de
rencores. Una disculpa eterna. La rendición de esa disculpa. Un pedido de
auxilio.
Que sea nueva siempre esa carta de amor inventado, que
siempre ponga a correr a al ego atento de los distraídos y nueva la dirección en el
frente del sobre, que es real. Los ensayos de entierros y muertes en
hospitales. Los deseos que funden las huellas dactilares. Las huellas
dactilares.
Que siempre sea otro el pretexto del sudor. La resistencia
de la espalda. El alcance del insomnio y el ingenio del desvelo. Que siempre
haya más brazo, más piernas y más frente. Que el pesar no sea el mismo, ni
tampoco el cometido, ni la risa, ni el sabor. Que sea siempre costosa la tarea.
Que sea todo nuevo en el contacto, el perfume envolvente del
abrazo. El destello del ojo que guiña, la guía invitando al camino…
Yo domino la luz de
las 6:20 am, el paisaje de madrugada, el perfume fresco del azul de la montaña,
el marfil en el ribete de la espuma de las olas. Lo nuevo que sea bueno.
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