jueves, 29 de enero de 2015

Corpórea

Estar de pie. De frente. Inmóvil. Contemplar el alba, el alba en silencio. El minuto quieto del aire atónito allí, donde duermen niños. Besar sus frentes y  embeber sus sueños con promesas de amores cumplidas.

Desde acá contemplo quieta y silenciosa como el niño en sueños. Sin expectativas, creo, sin deseos. Solamente miro y es involuntario. Te quiero.

Se escapan entonces, desde los armarios donde duerme la ropa de invierno, retazos de las verdades humildes como esta. Juegan a la piedra libre con la soga al cuello. Yo les ato el nudo, amorosamente, cruzando los dedos detrás de la espalda.


Se sucede el tinte rosado, aún con matices. Me cubre la cara con rasgos que mutan. Surcan el instante los datos de los anuarios. Irrefutables. Atraviesan el silencio de este momento quieto como el alba, allí en la habitación donde niños duermen.


Me gusta callar. Así silenciosa, corpórea, apacible, te miro y, a veces, te espero.






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